Florencio Maíllo retrata Mogarraz en una macro-exposición que rescata la memoria del municipio en cada fachada

El artista salmantino realiza un peculiar ‘censo’ de la villa reproduciendo hasta 500 retratos en acrílico de sus vecinos


Recordar la memoria de un pueblo, impulsar su desarrollo y evocar sentimientos que salen de dentro son solo algunos de los objetivos de la exposición que el pintor de la localidad serrana de Mogarraz, Florencio Maíllo, ha querido expresar en una obra que ayer comenzó a tomar forma en la villa con la instalación de las primeras 40 piezas de una macro-exposición que reunirá, instalados en las viviendas de las que fueron sus moradores, más de 500 retratos realizados en acrílico y otras técnicas. Se espera que el montaje se prolongue, al menos, durante las dos próximas semanas dado el número de obras y la complejidad de su colocación en paredes, fachadas, balcones, etc…

La exposición, de unas dimensiones que sobrecogen y con una proyección turística que sin duda removerá la vida social de Mogarraz durante los próximos meses, es obra de la estrecha colaboración y confianza entre Maíllo, cuya trayectoria artística siempre ha estado ligada al medio rural, y el área de Cultura de la Diputación, que desde el inicio del proyecto, hace más de 3 años, ha apostado en firme por su desarrollo. La confianza mutua, una constante en la relación entre ambos, ha facilitado la tarea del creador y permitido crear un producto artístico que va a dar mucho que hablar, y no sólo a los habitantes del municipio serrano, que encontrarán en cada fachada la excusa perfecta para retomar anécdotas casi olvidadas y recuperar, recuerdo a recuerdo, la historia viva de su pueblo en la última mitad del siglo XX. Sin duda esta muestra tendrá un largo recorrido y promocionará como nunca al pueblo en el que todo nació.

“He regresado a la época de mi infancia para recordar a mucha gente, incluso a mí mismo. Se trata de mi obra más ‘rara’ porque incluso el escenario lo es, pero el hecho de poder recordar la memoria de mi pueblo hace que los que vivimos estemos implicados en cultivar la memoria de lo que éramos”. Así se expresa el propio autor de la obra, Florencio Maíllo, quien también recuerda que ha pasado por todas las casas del pueblo para pedir un permiso definitivo a las familias para colgar los retratos “y me he dado cuenta que incluso las viviendas del pueblo están llenas de esas fotos, de muchos recuerdos”.

El medio rural “está desolado y por desgracia, así va a seguir en los próximos años y la Diputación de Salamanca ha entendido perfectamente este tipo de proyectos para impulsar este tipo de poblaciones y se lo tengo que agradecer”, señala Maíllo.

Retratos, caras y muchos recuerdos recorrerán en pocos días cada una de las calles de una localidad que en el año 1960 contaba con más de un millar de habitantes, y que en 1967, año en el que empezó su decadencia, como la del resto del entorno rural salmantino, vio reducida a la mitad su población por la emigración. Ahora, con cada una de las obras, los oriundos de la localidad, vecinos que se han ido fuera y los que allí regresan cada verano, podrán descubrir nuevos recuerdos al aire libre a través de rostros humanos. “Todo ello con el objetivo de que en el futuro conozcan cuál fue el pasado de este lugar”, señala orgulloso y emocionado el autor de la obra.

Rescate de fotos de carné de identidad
“La obra surge de una maravillosa idea del autor, que rescató un archivo fotográfico que data de 1967 y que retrata a todos los habitantes del pueblo a raíz del decreto que establecía la obligatoriedad del carné de identidad. Fue un egresado del exilio, nacido en el pueblo, el que volvió con una cámara fotográfica comprada en Canarias y realizó todas las fotos, y además en una sola jornada”. Fabio de la Flor es el comisario de esta exposición ‘diferente’ el que incide en que “todos los proyectos del mundo rural tienen que ir encaminados a la memoria del propio pueblo, para que no se olvide. Es un homenaje a toda la gente que vivió y que vive y una oportunidad única para rescatar su memoria”.

Y siguiendo con la originalidad, la exposición también se podrá disfrutar a través de un peculiar catálogo ahora en ciernes, y que intentará recordar a los antiguos y casi denostados álbumes de cromos, donde cada uno debe ‘pegar’ las fotos en el lugar que le corresponde y recordar su infancia, su vida o su memoria a través de imágenes.

Mogarraz vivirá, a partir de finales de mayo y durante seis meses recuerdos inolvidables a través de 500 retratos de un tiempo pasado que vuelve al presente para evocar la memoria de un pueblo que vivió tiempos mejores y que ahora espera recuperar, gracias a Florencio Maíllo y al apoyo de la Diputación, parte de su historia a través de unos protagonistas muy especiales.