Expediente cumplido

El Guijuelo seguirá en Segunda B. Sufrió hasta el último minuto, pero al final se llevó la permanencia como premio en una eliminatoria en la que fue mejor. Objetivo cumplido y fiesta, en el propio campo de fútbol y en todo el municipio. Ayer era el día de celebrar que el equipo sigue en una categoría en la que nunca debió peligrar su continuidad. El dibujo de Pouso fue valiente, con un trivote en el que dos hombres eran de perfil creativo, Del Prado y Carlos Rubén. El técnico optó por la valentía y funcionó.
José Ángel Sanz / GUIJUELO

Con Iturralde como stopper en el estado de forma en el que se encuentra, era más fácil alinear con garantías un centro del campo. La novedad fue la desaparición de Romero del once titular. Su plaza en el interior derecho la ocupó Ubis. El resto, defensa y última línea, fue idéntico al que ha venido montando Pouso durante toda la temporada. Los chacineros saltaron al campo con la cabeza en el balón, en el juego, empeñados en combinar con paciencia y en ralentizar las pulsaciones de un partido tran trascendental a fuerza de tener la posesión. El filial periquito, mucho más impulsivo, pecó de exceso de vueltas desde el primer minuto. A los de Perarnau les costó unos cuantos pases perdidos darse cuenta de que el Municipal iba a jugar en su contra.

La primera ocasión de marcar fue para los locales, que a los ocho minutos y gracias a Leroy se presentaron en el área grande con muchos efectivos. Cuando el menudo interior buscó el centro para un remate, su par levantó el brazo para impedir el pase. Penalti claro que no se pitó y que habría cambiado el partido. La segunda ocasión clara y única de ya toda la primera parte la tuvo Carlos Rubén. Chutó desde la frontal a unos 25 metros de la puerta y el cuero se fue alto. A los puntos, los chacineros habrían ganado este primer tiempo. El empate a cero goles les beneficiaba, pero pesaba la ocasión de haber marcado un tanto.

La segunda parte se jugó con el epicentro en la medular. Peraranau, que también jugó con un trivote, aleccionó a los suyos para que se olvidaran de las bandas –una de ellas impracticable– y pasaran todo el juego por el centro del campo. Tito y Sielva ganaron presencia. Iturralde tenía una amarilla y además acusaba el cansancio. Pouso decidió retirar a Óscar Martín para dar entrada a Romero. En la jugada contigua, el interior ya se llevaba el balón por el costado derecho en una galopada que sólo pudo parar Luismi con un agarrón que le supuso la amarilla. Romero entraba para desequilibrar y le faltaba tiempo para hacerlo. La segunda que tocó el balón puso el Municipal patas arriba; se llevaba un balón largo que botó demasiado, Amat quiso impedirlo empleando la mano, y el árbitro expulsó al defensa con la segunda amarilla. En la tercera y definitiva acción, logró un gran tanto con el balón al hueco para desatar la fiesta.