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El Salamanca, como España, está en crisis y urge tomar medidas para hallar soluciones. Está en juego la supervivencia del club
d. g.

La encuesta realizada durante la semana pasada por TRIBUNA deja en evidencia a la plantilla. Casi un 49 por ciento culpa a los jugadores de la situación, pero hay otro 42 por ciento que mira hacia la secretaría técnica. Pero hoy no es momento de buscar culpables. Es hora de indagar y adivinar qué necesita el equipo para salir adelante. No se puede cambiar de nombres la plantilla, pero sí de hombres, esto es, de actitud. Sito responsabiliza a la plantilla de lo que pueda suceder, para bien y para mal. Y reclama unidad, entrega y compromiso. Ésa es la tarea de los jugadores y del entrenador, sea Sito o, en el caso de perder ante el Levante, el que venga. Es complicado pedirle al socio que guarde la calma con el equipo rozando el desastre. Pero añadir desde la grada más motivos que dejen tocado el factor psicológico supondría una rémora que llevaría al equipo inevitablemente al precipicio. Hay que arropar al equipo, no castigarle. Los castigos, para todos, llegarán cuando termine la temporada y se haga balance.

Hoy más que nunca la Unión necesita unión. Pero la pregunta es, ¿hasta qué punto existe esa posibilidad? Que el proyecto deportivo ha generado esta desconfianza es un hecho que avalan los resultados. Que el personal, la afición, está harta se ha podido corroborar en al menos una decena de partidos en el Helmántico que han acabado en pitada. Que la actitud de los jugadores ha quedado en entredicho es algo que ha pululado en el ambiente desde el encuentro ante el Huesca. Que hay sectores del vestuario que creen poco o casi nada en el trabajo de Sito también es una cuestión palpable. Pero todo eso debe quedar olvidado para poder salvar al Salamanca. Quedan once partidos, once finales, y al Salamanca le faltan por sumar cerca de quince puntos para asegurar la permanencia. Un reto factible hoy. Mañana tal vez sea más complicado.