“Establecer cuotas es una falta de respeto a la mujer”

Víctor García de la Concha / Director de la RAE
EFE

“Quien domina la lengua, ensancha su libertad”, afirma García de la Concha en una entrevista con EFE en la que hace balance de su largo mandato, se alegra de que los hispanohablantes cuenten ya con una nueva Ortografía, “la primera hecha por todas las Academias y para todos”, y asegura que en los próximos años “irán entrando cada vez más mujeres en la RAE”, pero nunca por cuotas.
“Establecer cuotas es una falta de respeto a la mujer”, subraya este experto en Literatura del Renacimiento y en Poesía que, al repasar la labor que ha hecho durante sus 18 años de académico (antes de ser director estuvo seis de secretario de la RAE), se siente con “una sincera satisfacción íntima del deber cumplido” y de haberse “entregado en cuerpo y alma” a los trabajos que la Academia le encomendó.

Son días en los que García de la Concha recuerda “mucho lo que decían los académicos fundadores: nosotros trabajamos por servir al honor de la nación”, y son fechas también para “agradecer a todos los compañeros de la Academia Española, a los que hoy son y a los que han sido en estos años, la confianza total” que depositaron en él y “el apoyo” que le han prestado. Un apoyo que también agradece “a los colegas” de las demás Academias de la Lengua Española, “que son los protagonistas del cambio que se ha hecho”.

Ese cambio podría calificarse de revolucionario, porque en estos doce años las veintidós Academias han trabajado “codo con codo” para elaborar entre todas los tres grandes códigos en los que se sustenta la lengua: el Diccionario, la Gramática y la Ortografía, y han publicado también el “Diccionario panhispánico de dudas”, entre otras obras. Una política lingüística que “ya no tiene marcha atrás” y es el mayor logro del mandato de García de la Concha, aunque él asegura que no es obra suya. Solo le ha correspondido “haberla configurado, impulsado, dirigido y fijado”. Y eso que, según reconoce, hace años él no era “americanista”, sino más bien “europeísta”.

Pero Fernando Lázaro Carreter, su antecesor en el cargo, su “amigo y mentor”, le pidió que se dedicara a América, lo mismo que le dijo el Rey cuando García de la Concha fue elegido director en 1998. Don Juan Carlos, además, le prometió que le “abriría las puertas con los jefes de Estado” americanos. “Y así fue. El Rey es quien verdaderamente tiene el mérito final del impulso a la política lingüística panhispánica. Solo quien va a América con frecuencia (García de la Concha ha ido en 50 ocasiones) se da cuenta del activo extraordinario que supone allí la figura del Rey”.
“Es un valor decisivo y nosotros lo sabemos”, subraya el director. Por “razones obvias”, García de la Concha no quiere dar nombres sobre quién podría ser su sucesor al frente de la RAE, cargo para el que puede ser elegido cualquier académico menor de 78 años. Pero, aunque él no dé nombres, en medios académicos suenan con fuerza los de Darío Villanueva, secretario de la RAE, y José Manuel Blecua como posibles sustitutos. “Lo ideal es que fuera una figura de máximo consenso, pero es prematuro decir qué es lo que va a ocurrir. De lo que estoy absolutamente seguro es de que, sea quien sea la persona que resulte elegida, al día siguiente tendrá a toda la Academia como una piña apoyándola. Y yo el primero”, asegura.

Reforzar la escasa presencia femenina parece una de las asignaturas pendientes de la Academia, o al menos así lo cree la sociedad. En los últimos trece años han entrado cinco mujeres (Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Inés Fernández Ordóñez y, hace unos días, Soledad Puértolas), pero son pocas si se tiene en cuenta que hay 46 plazas. Fundada en 1713, la RAE “ha tenido que superar esa inercia de estar constituida por varones, porque la sociedad era así y no solo en la Academia”.

García de la Concha está “seguro de que, en los próximos años irán entrando cada vez más mujeres y se irá reduciendo esa diferencia”. Pero no se aplicarán cuotas. Sería “una falta de respeto a la mujer”. En la nueva etapa que se abre ante él, seguirá trabajando “con entusiasmo” en lo que le encomiende el nuevo director. “Estoy obligado a ser un académico ejemplar. No voy ahora a estropear el expediente”, bromea.