En busca de la ganga perdida

La tradicional Ferialfar de Salamanca roza las cotas más altas de visitantes pero no se libra de la crisis en las ventas
Es en este punto donde más se ha notado la crisis en Ferialfar de Salamanca. Antes, la gente miraba y compraba “a veces hasta sin mirar el precio”. Ahora, los clientes preguntan cuánto cuesta, comparan y “si no está casi regalado, se marchan con las manos vacías”.

Así lo aseguran los alfareros presentes en la Plaza de Los Bandos, que entienden la preocupación de la sociedad por gastar lo justo, pero que lamentan que “en ocasiones no se valore el trabajo que se hace”.

Según el artesano pacense José Pérez, la presente edición se ha caracterizado por el buen número de personas que se han acercado pero también por las características de las ventas. Se han vendido muchos productos de pequeño valor y pocos de los más confeccionados, afirma.

Otro de los expositores, Francisco Robles incide en lo mismo, al tiempo que anima a los salmantinos a acudir, aunque sea en el último momento, porque “hay 35 alfareros y cada uno trae cosas distintas”.

Además, como reclamo, hay actividades complementarias y paralelas, por ejemplo, demostraciones e iniciativas para enseñar el viejo oficio de modelar el barro. Un programa de actos en la Plaza de los Bandos que se ve fortalecido por la exposición sobre esta misma profesión y sus productos más singulares, que se puede ver en el Museo del Comercio de Salamanca.