El temporal indulta al cerdo

Por primera vez en 25 años no se pudo sacrificar el marrano. Juan Ramón Lucas, Sandra Ibarra y Paz Padilla faltaron a la cita
Carlos Bermejo

Se esperaba también la presencia de una de las parejas de moda del panorama social español, el periodista Juan Ramón Lucas y la modelo Sandra Ibarra, que iba a ser nombrada madrina de la ceremonia, pero finalmente no comparecieron para recibir sus distinciones como matanceros de honor. Tampoco la simpática presentadora y humorista gaditana Paz Padilla se dejó ver por las frías calles de Guijuelo.

No faltaron sin embargo el periodista de Radio Nacional de España, Carlos Santos, que ejerció de maestro de ceremonias en el improvisado escenario del salón del museo chacinero, hasta donde se trasladó la gala.

Otro periodista, del gremio, en esta ocasión de la prensa del corazón, como el televisivo Juan Luis Alonso también recibió la camisola y la boina de matancero, así como el actor salmantino Mariano Venancio. Pero sobre todos ellos el cariño de los vecinos recayó en Antonio Martín Aparicio Pititi siempre vinculado al Club Deportivo Guijuelo y que protagonizó uno de los actos más emotivos de la jornada al ser nombrado cofrade de mérito. Durante la jornada de ayer se celebró, coincidiendo con la penúltima cita de la matanza, el capítulo gastronómico con la presencia de más de una decena de cofradías gastronómicas españolas, portuguesas y galas.

La última jornada de la matanza se celebrará el próximo domingo 7 de marzo, día que se dedicará al reconocimiento de la tradición de la matanza típica con la presentación del libro Matanza Típica de Guijuelo. 25 años con la tradición elaborado por Damián Martín. El libro estará acompañado del himno de la matanza, cantado por Mily Díaz. De esta forma se cerrará la vigésimo quinta edición de las jornadas de la matanza típica de la villa, después de un cuarto de siglo organizando esta fiesta.

Auge de la matanza
La matanza del cerdo, antigua costumbre popular, cobra cada día más auge. Jesús Merino afirmó que esta iniciativa ha servido de ejemplo a centenares de pueblos que han convertido este sencillo acto en unos de sus principales atractivos turísticos de invierno.

De este modo, Guijuelo, cuna de productos del cerdo ibérico, no podía faltar a esta cita, convirtiendo este ritual costumbrista en festivo, manteniendo la filosofía de lo que es una auténtica matanza.