El Real Valladolid quita media Liga al Barcelona con un triunfo impresionante (1-0)

Fausto Rossi celebra su gol al Barcelona. JUAN POSTIGO
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Un gol de Rossi en el primer tiempo sirvió para sumar tres puntos impensables que dan un vuelco a la Liga por arriba... y por abajo. El Real Valladolid jugó mejor sus bazas ante un Barça irreconocible. 

REAL VALLADOLID: Mariño; Rukavina, Rueda, Mitrovic, Peña; Rubio, Valiente (Sastre m. 58), Rossi, Bergdich (Rama m. 71); Guerra, Manucho (Óscar m. 65).

 

FC BARCELONA: Valdés; Alves, Piqué (Sergi Roberto m. 71), Mascherano, Adriano; Xavi, Cesc (Alexis m. 61), Busquets; Pedro, Neymar (Tello m. 72), Messi.

 

ARBITRO: Hernández Hernández (Las Palmas). Mostró tarjetas amarillas a Rossi, Bergdich, Sastre y Peña por el Real Valladolid y a Piqué por parte del Barcelona. 

 

GOLES: 1-0. Minuto 16. Rossi. 

 

INCIDENCIAS: 27 ª jornada de la Liga BBVA. Estadio José Zorrilla. Lleno.

Los milagros deportivos también existen y el fútbol es muy dado a ellos. En el estadio José Zorrilla, un Real Valladolid sumido en puestos de descenso desde hace varias jornadas dio todo un vuelco a la Liga con un triunfo impresionante ante el Barça (1-0). Una victoria que le saca momentáneamente de la condena mientras deja a los azulgrana boquiabiertos una semana después de haber aprovechado el empate del derbi madrileño. Pero fue justo.

 

No es el mejor Barça ni tampoco el Real Valladolid más excelso. Por mucho que el último episodio de la Champions ofreciera una versión de alta gama del Barcelona en Manchester, al Tata Martino se le acumulan los problemas. Casi todos externos porque el entrenador argentino no tiene la culpa del lío montado alrededor del fichaje de Neymar, que se llevó por delante al presidente Rosell, ni tampoco que Puyol se baje del barco azulgrana porque su cuerpo ha dicho "basta" en términos de alta competición

 

Pero el técnico argentino no ha conseguido dar con la tecla de diferenciar este Barcelona de los anteriores. A balón parado, este equipo es un escándalo defensivamente, y esa pretensión de recuperar la presión como seña de identidad de un nuevo estilo que no abandone el gusto por el balón solo se ha visto a pinceladas. Aún así, este Barça está en la final de la Copa del Rey, a un paso de cuartos en la Champions y se presentó en Zorrilla dispuesto a acostarse líder. Es el eterno juego sobre la practicidad ante la plasticidad. Quizá no enamore, pero hasta ahora le ha bastado así para estar arriba y, no olvidemos, solo el tropiezo de Anoeta con esa cuadratura del círculo que intentó Martino, le ha bajado de lo más alto del pedestal liguero.

 

Claro que, este Real Valladolid de JIM no tiene nada que ver con el reciente de Djukic que se manejaba más tranquilo a estas alturas de la temporada pasada. Seguramente las lesiones han marcado a un modesto que tampoco ha visto el sello de su nuevo técnico impregnado en su juego. Para nada. Durante jornadas, el Valladolid ha deambulado sin sentido futbolístico y solo la situación económica ha propiciado que se mantenga la calma en los despachos. No hay mucho margen para despedir y traer entrenadores; para experimentos que no garanticen nada. Total, Juan Ignacio Martínez se ha mantenido por esas circunstancias que, independientemente del aval de su trabajo, en otro escenario le hubiera costado el puesto.

 

Pero resulta que el Valladolid cuajó unos primeros cuarenta y cinco minutos para enmarcar. Por disposición, intensidad e inteligencia. JIM apostó de nuevo por la presencia de Marc Valiente como titular y ese experimento que puso en práctica una semana antes en La Rosaleda durante los últimos minutos, dio al equipo equilibrio y serenidad para controlar el manejo azulgrana. 

 

Esas buenas sensaciones se pusieron de manifiesto al cuarto de hora de partido cuando, tras un córner, el balón le quedó limpio a Rossi para que el italiano no tuviera piedad de Valdés. El 1-0 hacía justicia y ponía la Liga patas arriba porque el recorrido de ese primer tiempo nos dejó un Barcelona irreconocible que solo apareció a fogonazos bien resueltos por Mariño.

 

Quedaba por ver si el segundo acto ofrecía otra cara diferente en el Barça, siempre amenazante por la calidad que plantó sobre el tapete de Zorrilla. Y, sin duda, su inicio fue más poderoso pero nada deslumbrante. Tanto, que el Real Valladolid supo aguantar sin sufrir excesivos agobios porque las ocasiones no caían claramente del lado azulgrana, aunque su dominio fuera más insistente.

 

Esta vez, Juan Ignacio Martínez sí movió bien sus piezas y el Valladolid fabricaba minuto a minuto una victoria impensable mientras se abrazaba a una comunión con su afición que hacía tiempo no se veía. En los minutos finales, Óscar pudo sellar el 2-0 pero su ocasión se fue por arriba mientras pasaban los minutos y la tensión se transformaba en ilusión.

 

El pitido final  fue el estallido de la euforia que aliviaba con tres puntos al Valladolid y desnudaba a este Barça de Martino que toca a fin de ciclo

 

 

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