El proyecto del parque de Garrido deja un millón de euros en las arcas municipales

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El canon por el uso del subsuelo y las licencias de obra permiten al Ayuntamiento recaudar una importante cantidad por esta obra, además de ahorrarse el coste de un parque nuevo en un enclave dejado de la mano de Dios desde hace años.

El equipo de Gobierno ha mantenido en los últimos meses una actitud de vigilancia reforzada sobre un proyecto, el del nuevo parque de Garrido y su aparcamiento subterráneo, que había discurrido con la única pega de un importante retraso en los plazos de obra por culpa de un transformador. Sin embargo, todo cambió a raíz de la negativa de la oposición a asumir un sobrecoste de casi 600.000 euros que convertía el nuevo parque de gratis a muy caro: lo previsto es que la constructora del parking lo hiciera sin coste.

 

A partir de ahí, el Ayuntamiento endureció su discurso contra la concesionaria de una obra que le ha dejado un importante rédito en forma de ingresos, impuestos y un nuevo equipamiento que la ha salido gratis al consistorio. La cuenta empieza con los 475.000 euros más IVA que depositó la empresa para conseguir el derecho a construir en el subsuelo. A ellos hay que sumar cerca de 500.000 euros en las correspondientes licencias de obra que el Ayuntamiento cobra religiosamente. En total, un millón de euros.

 

Además, la oferta del parking incluía el polémico nuevo parque, valorado en unos 600.000 euros según el proyecto inicial, un diseño que ha variado por completo el estilo que tenía, pero que ha servido para rehabilitar una zona muy deteriorada. Todo, a cambio de la concesión para construir y explotar el aparcamiento, un proyecto que el Ayuntamiento de Salamanca no había logrado sacar adelante. Y de arreglar un parque que había caído en el abandono después de años sin el mantenimiento y actualización necesarios por parte del consistorio.

 

A pesar de ello, el Ayuntamiento estuvo durante meses empeñado en hacer un parque diferente, y presentó dos diseños, el segundo con un sobrecoste de cerca de 600.000 euros y que era, fundamentalmente, el mismo que se había aprobado a coste cero. Las diferencias se limitabaa a 26 árboles más, una pista polideportiva, algo más de zonas verdes y el traslado de la fuente lúdica de una esquina al centro. Incluso llegó a plantearse licitar la obra y dejar de lado la propuesta de la empresa concesionaria: el equipo de Gobierno trató además de ocultar que la empresa estaba dispuesta a terminar la obra conforme a lo pactado, gratis. Al final, el alcalde, Alfonso Fernández Mañueco, tuvo que ceder en su pretensión.

 

 

MÁS PROBLEMAS

 

El encontronazo por el sobrecoste frustrado del parque no ha sido el único contratiempo de un proyecto que lleva años en cartera. De hecho, ya empezó mal: el primer intento para construir el parking subterráneo fracasó al quedar desierta la licitación del proyecto. Después, en un segundo intento, sí fue posibles adjudicar el subsuelo para construir el aparcamiento e incluir el compromiso de renovar el parque. Tras firmarse, se procedió a vallar el parque y comenzaron las protestas vecinales; un grupo de opositores se coló en el parque para frenar las obras.

 

Después se fueron acumulando retrasos. Un transformador retrasó las obras, después vinieron los cambios en el proyecto que tan caros pudieron salir, el conflicto con la empresa concesionaria, nuevos plazos y más retrasos (el último hablaba de octubre de 2016)... al final, 30 meses desde que el parque se valló en septiembre de 2014, dieciocho meses de retraso de una obra prevista para once meses y medio.