El proceso de fusión arranca sin consenso

 
Tantos meses de incertidumbre, de negociaciones, de marear la perdiz, para esto. El proceso de fusión de las dos principales cajas de la Comunidad nace sin consenso. De momento, el empeño de los partidos mayoritarios y de las instituciones se ha dado de bruces con la negativa de UGT a firmar el pacto laboral. Los sindicalistas capitaneados por Agustín Prieto y Antonio Muñoz vaticinan tiempos duros, con expedientes de regulación de empleo incluidos. La equiparación salarial con los trabajadores de Caja España se ha quedado a medio camino y la primera consecuencia de ello ha sido el rechazo de un pacto que ya ha sido suscrito por el resto de representantes. Ahora, la patronal deberá mover ficha y veremos quién se lleva el gato al agua. Lo que está claro es que las previsiones idílicas de que no iban a producirse despidos y que todos los traslados serían voluntarios parecen imposibles de cumplir. El ajuste será inevitable y con él se reforzarán los argumentos de quienes se han opuesto desde el principio a la fusión. Curiosamente, el reparto de los órganos de poder ha generado menos polémica que el futuro laboral que les espera a cientos de empleados, y eso que aún no se conocen las interioridades del proceso. En cuanto surjan las primeras noticias al respecto, volverán a sonar con fuerza las voces críticas con la forma y el fondo de las negociaciones, pero esta vez no habrá una respuesta unitaria desde el consenso. Por eso la discrepancia de UGT adquirirá con el tiempo más importancia de la que tiene ahora.