El presidente se deja en el tintero a los agentes sociales y la obligada regeneración

Javier Iglesias, durante su discurso de investidura. Foto: F. Oliva

Javier Iglesias no hace ninguna referencia a patronal y sindicatos y se olvida también de una de las cuestiones imprescindibles del momento político, la regeneración. Niega una defensa cerrada de la Diputación, pero sí la hace de los servicios que presta a los ciudadanos.

El presidente de la Diputación de Salamanca, Javier Iglesias, se ha 'olvidado' en su discurso de investidura de dos de las cuestiones a las que más importancia se está dando desde la clase política en este momento clave. Se trata del diálogo y la transparencia, con sus vertientes de acuerdo y regeneración democrática. Un olvido que se ha centrado en dos ausencias concretas: ni una referencia a los agentes sociales y tampoco a la corrupción.

 

A pesar de que inició su discurso diciendo que el debate sobre la permanencia de las diputaciones era "aquí y ahora tiempo perdido", la realidad es que ha hecho una cerrada defensa de las cualidades de la institución provincial, cuya continuidad ha estado en el debate en los últimos años. Ha asegurado que la gestión diaria que hace la institución con los ayuntamientos tendría que hacerse si no la hiciera la Diputación. Y ha enumerado sus cualidades para atender a los municipios y las personas y crear oportunidades.

 

De lo que no ha dicho nada es de diálogo con sindicatos y empresarios. Ha hablado de mando tendida con la oposición, pero na dejado fuera de ese ofrecimiento, por ejemplo, a los agentes sociales. Esto es algo que no ha sentado especialmente bien ni a los representantes de los sindicatos presentes en el patio de La Salina ni a los de la Cámara de Comercio y la patronal, también invitados. Una falta que se puede explicar por el permanente desencuentro que las centrales sindicales han vivido con el equipo de Javier Iglesias, al que critican el mal trato a los trabajadores de la Diputación, el exceso de puestos 'a dedo' o los fallos en la oferta de una bolsa de empleo.

 

Y algo parecido ocurre con las organizaciones representativas de los empresarios. A ellos les ha negado el apoyo para los viveros de empresa, de los que la Diputación se ha salido de manera estruendosa, y especialmente por la disolución de IFESA, una decisión personal de Iglesias que impulsó su eliminación para organizar la feria agropecuaria de septiembre directamente desde presidencia.

 

 

NADA DE REGENERACIÓN

 

El otro gran olvidado ha sido el término regeneración. Ni una sola vez ha hablado Iglesias de transparencia en la gestión, aunque sí de la honestidad que dice ha guiado sus decisiones de los últimos años. A pesar de las referencias que Ganemos y PSOE sí han hecho a los casos de corrupción que se siguen en los juzgados contra el propio presidente y dos de sus diputados, Iglesias no ha hecho ninguna alusión a la necesaria regeneración.

 

Lo que sí ha dicho es que espera un fructífero diálogo con la oposición, de la que cree puede enriquecer las aportaciones del equipo de Gobierno, pero también con sus particulares postulados. "Cada grupo político, cada diputado provincial, será libre de escoger el camino del diálogo o el de la confrontación y el extremismo. A mí y al grupo popular en este último camino no nos van a encontrar", una referencia quizás a los que puedan ser los diputados más incómodos. "Debemos huir de espectáculos que produzcan bochorno en los ciudadanos, de actuaciones circenses que ponen de manifiesto la mirada cortoplacista de algunos representantes públicos", una frase con tono de advertencia.

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