El pregón realiza un recorrido social y religioso por las cofradías

Autor. El archivero de Miróbriga, Tomás Domínguez, hizo un acto público de fe y exhortó a los cofrades a vivir sus creencias durante todo el año. El Sagrario. El templo se llenó de fieles y de autoridades locales
ÁNGEL S. PEINADO

La parroquia de El Sagrario acogió ayer el pregón de la Semana Santa mirobrigense pronunciado por Tomás Domínguez Cid, responsable del Archivo Histórico de Ciudad Rodrigo. Fue uno de los pregones más profundos y arrebatadores de los que hasta ahora se han pronunciado con motivo de estas santas fechas.

El pregonero, dejando de lado sus habituales descubrimientos históricos sobre la ciudad y sus gentes, realizó una intervención que fue una demostración pública de su fe cristiana y creyente, evocando recuerdos y vivencias de su infancia sobre la Semana Santa y recorriendo las cofradías desde el recuerdo y el sentimiento.

Rosa Esquivel presentó al pregonero del que destacó su sencillez y extraordinaria religiosidad, así como sus conocimientos sobre la historia de la ciudad.

Tomás Domínguez comenzó resaltando que venía a pregonar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, desde sus vivencias personales y desde la fe. Evocó a las cofradías, a la Semana Santa, a la Pasión de Cristo, personal e íntima, despojada de viejas y eruditas historias, centrando su intervención en sentimientos y fe, hablando solamente de lo que ha sido para él la Semana Santa.

En su recorrido por las cofradías comenzó por la de Jesús Amigo de los Niños, destacando la figura de Joaquín Chanca Patato, pelotari mirobrigense que ayudó a pagar el actual paso de la Borriquilla. Domínguez recordó el viejo refrán: “La Borriquilla, el laurel, Domingo de Ramos: quien no estrene algo se le caen los pies y las manos”, como ejemplo de que la tradición es fuente fundamental de religiosidad y pilar indispensable para el sostenimiento y mantenimiento de la Iglesia de Cristo.

La Cofradía de la Oración del Huerto de los Olivos fue recordada a través de unos versos del desaparecido poeta local Ricardo Bravo, versos que eran “conjunción de Amor y de Obediencia”, que resumen muy bien el drama de Getsemaní: amor a los hombres, obediencia al Padre.

Continuó su recorrido por la Cofradía de Jesús Nazareno, el Santísimo Cristo de la Expiración o Cristo del Silencio, de la que evocó los ecos que provoca el esquilón y el redoblar del tambor que acompañan al Cristo de cabeza rendida, en su último suspiro, recién muerto.

Sobre Nuestra Señora de las Angustias, en alusión al historiador Feliciano de Silva, dijo que pertenecía al convento de San Francisco, donde tenía asiento la Cofradía de la Piedad hasta que este cenobio desapareció en el siglo XIX.

Recordó que cuentan las crónicas que existió hace varios siglos una Cofradía de la Santa Cruz que tenía su sede en el convento de este mismo nombre, destruido durante la Guerra de la Independencia, y que la actual es su heredera espiritual.

De Nuestra Señora de la Soledad quiso recordar tan sólo aquellos momentos en que su mano de niño de pocos años agarrada a la de su madre cuando le llevaba a aquella procesión “de las mujeres”, con la vela siempre apagada a causa del viento y el frío y los cánticos por las calles “y acompañando a María”.

Finalizó el recorrido dirigiéndose a los cofrades porque a ellos es a quienes les tocaba dar testimonio de fe, “cargando vuestros pasos, desfilando en las procesiones, pero no olvidéis que el resto del año es también vuestra obligación, nuestra obligación, hacer valiente defensa y exhibición de esa fe en Jesucristo.”
El primer acto oficial de la Semana Santa contó con la asistencia del obispo civitatense, Atilano Rodríguez; del alcalde, Javier Iglesias, y varios miembros de la Corporación Municipal; de la presidenta en funciones de la Junta Mayor, María Teresa Barrueco; y de presidentes de las cofradías, así como el capellán de la Junta Mayor, Manuel Peláez.