El precio de unas nuevas elecciones en España: 130 millones de euros

Foto: Europa Press

A estos costes de organización hay que sumar las subvenciones a los partidos: 21.167,64 euros por escaño en el Congreso.

Celebrar unas elecciones generales costó el pasado 20 de diciembre 130 millones de euros en costes de organización, como las papeletas que envía Correos o el despliegue de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a lo que habría que añadir las subvenciones que reciben los partidos políticos.

 

Este gasto ha llevado al Rey Felipe VI a pedir a los partidos que ahorren en los gastos de campaña y "no cansen" a los ciudadanos, según han revelado los parlamentarios en rueda de prensa en el Congreso de los Diputados.

 

PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos se han mostrado también partidarios de reducir el gasto de la campaña electoral, y han propuesto distintas opciones para lograrlo. Pero...  ¿Son tan caras las elecciones en España? ¿Cuánto se gastan en otros países?   

 

No es una respuesta fácil porque los sistemas de financiación varían ampliamente de un país a otro, lo que hace muy complicado llevar a cabo una comparativa homogénea. 

 

COSTES EN OTROS PAÍSES

 

Un informe sobre 'Costes de las elecciones' llevado a cabo por Rafael López-Pintor y Jeff Fischer para el Proyecto CORE financiado por Naciones Unidas encontró en 2004, sin embargo, un patrón común: en países con experiencia democrática multipartidista las elecciones son consistentemente menos costosas que aquellas de países en donde estas elecciones constituyen una nueva empresa.

 

Esta tendencia trasciende regiones, niveles de desarrollo económico, y aún las interrupciones de las prácticas electorales causadas por razones militares. Bajos costos electorales, aproximadamente 1 a 3 dólares por elector, tienden a manifestarse en países con una larga experiencia electoral como Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa Occidental.

 

Un coste similar se encuentra en países con una larga experiencia electoral como Chile (1,2 dólares), Costa Rica (1,8 dólares) y Brasil (2,3 dólares) en América Latina; Benin (1,6 dólares), Botswana (2,7 dólares), Ghana (0,7 dólares) y Senegal (1,2 dólares) en África; India (1 dólares) y Pakistán (0,5 dólares) en Asia; y Australia (3,2 dólares).

 

En el estudio se recoge un gasto para España de 4,1 dólares (3,63 euros) por elector, ligeramente por encima de la mayoría de países de Europa Occidental. Ese gasto se corresponde con las elecciones de 2004. Si se hace el mismo ejercicio con las últimas elecciones, y se divide el coste de organizar las elecciones por el número de votantes, el coste por elector fue de 3,56 euros.

 

En países con menos experiencia democrática, los costes tienden a ser más elevados, según el estudio. Así ocurre en México (5,9 dólares), El Salvador (4,1 dólares) y Paraguay (3,7 dólares), en América Latina; Lesotho (6,9 dólares), Liberia (6,1 dólares) y Uganda (3,7 dólares) en África; y Rusia (7,5 dólares) en Europa del Este.

 

SUBVENCIONES A PARTIDOS POLÍTICOS

 

Todos estos gastos se refieren a los costes de organizar los comicios, pero cada vez que se organizan unas elecciones las arcas del Estado sufragan además parte de la campaña electoral de los partidos políticos a través de subvenciones.

 

En España cada partido cobra 21.167,64 euros por escaño en el Congreso. Es decir, 2,37 millones el PP (sin sus coaliciones regionales), 1,8 millones el PSOE-PSC, 850.000 euros Ciudadanos y 870.000 Podemos (también, sin sus coaliciones autonómicas). Además, recibe 0,81 céntimos por los votos con los que ha logrado esos diputados 0,32, por los que le han dado senadores.

 

En general, los países europeos incluyen en sus legislaciones subvenciones de este tipo --en algunos casos, como Suecia, los partidos dependen en gran medida de ellas-- e,  incluso, contemplan beneficios fiscales para los individuos que donen dinero a los candidatos, de acuerdo el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional).

 

Frente a estos modelos basados en las subvenciones, está el modelo anglosajón, que representan Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, en el que el peso de las subvenciones públicas es mucho menor y la mayoría de la financiación corre a cargo de donaciones privadas.