El poseedor de la papeleta 749 sentencia al marrano de San Antón al “mondongo”

Ganador. Miguel Muñoz, dueño ya del cerdo, es un albercano que ha vivido desde niño esta tradición.
LORENA LAGO
Durante un año ha deambulado por las calles albercanas, ha sido alimentado por su cara bonita, ha departido con los lugareños y hasta se ha atrevido a posar para Interviú o La Sexta. Sin embargo, todos los esfuerzos que el marrano de San Antón ha realizado para salir indultado se fueron ayer al traste cuando el poseedor de la papeleta número 749 agraciada en esta rifa, el albercano Miguel Muñoz, dijo que, a pesar de las peticiones generales, con él haría “un mondongo”. Este joven serrano ha vivido desde niño una tradición de la que hoy también es protagonista junto al resto de vecinos de La Alberca, que en este día agasajan a todos los que hasta aquí se quieren acercar con productos típicos de esta tierra. Así, desde primeras horas de la mañana, pudimos ver a un pueblo entero volcado con una fiesta ancestral y que se ha mantenido viva con el paso de los años.

Por ello para la ocasión cientos de albercanos hicieron gala de su pertenencia a esta comarca vistiendo los atuendos típicos, desempeñando los oficios más tradicionales y mostrando al resto de paisanos cómo elaborar los productos obtenidos del cerdo con los utensilios tradicionales. De esta forma se mantiene intacta una costumbre que data de la Edad Media, cuando la sierra salmantina se convirtió en refugio de cristianos conversos y árabes judíos, para los que comer carne de cerdo estaba prohibido. Con la única idea de demostrar que su conversión era real convirtieron en propia una tradición señera de esta tierra como era la de criar en las casas cerdos, disipando así las dudas que pudieran mantenerse sobre su religión. Así surgió esta fiesta, que posteriormente se instituyó como una forma de contribuir con los gastos de la iglesia con el dinero extraído de la rifa.

Así pues, y como esta tradición da para un libro, el escritor Manuel Rivas se puso manos a la obra para crear una novela, El Marrano de San Antón o el oasis del mimo basada en esta tradición. Es por ello que este año ha sido él el elegido como padrino, un nombramiento que “me llena de orgullo por ser el primer extremeño en conseguirlo y porque soy un enamorado de este pueblo, de sus gentes y de sus costumbres”.

Las calles albercanas lloran desde hoy la ausencia de su habitante más ilustre. No será por mucho tiempo. El próximo 13 de junio la localidad volverá a acoger a este querido vecino, el marrano de San Antón, un ciudadano muy especial porque su peculiar existencia ha logrado dar a conocer las tradiciones de esta tierra mucho más allá de sus fronteras.