El orgullo de ser y de sentir en nuestra Salamanca

 
La entrega de las Medallas de Oro de la ciudad es un ejercicio de salmantinismo del bueno, ése que rescata nuestros valores, nuestras debilidades, nuestras carencias, nuestros tesoros, nuestras oportunidades y nuestros desvelos para convertirlo todo en la aceptación, en el respeto, en la admiración, en el amor. Una vez más, los premiados de 2010, en este caso el escritor Luciano González Egido y el teólogo Olegario González de Cardedal, hicieron gala del más emotivo apego a esta tierra y agradecieron, con bellas y sabias palabras, un galardón que les llena de especial orgullo entre los múltiples reconocimientos que han tenido a lo largo de su brillante carrera. “Salamanca es una ciudad con un alma diferente, que nos invita a la percepción de lo diferente, de lo único”. La frase es de Olegario, pero le valió a Luciano para entonar una canción poética de nuestra tierra, un elogio inigualable, un compás al que bailaron todos los allí presentes, por admiración, por entusiasmo, por patriotismo, por el más sincero apego a una tierra en la que debemos seguir creyendo.La entrega de las Medallas de Oro de la ciudad, como antesala a la celebración de nuestro patrón, San Juan de Sahagún, logra con creces su objetivo: reconocer a quienes han llevado el nombre de Salamanca por el mundo, a quienes han creído y creen en ella, y a quienes seguirán luchando, dentro o fuera, para que su universalidad, su alma diferente, su percepción generosa del mundo continúen vivas por los siglos de los siglos.