El ocaso de los videoclubs

José Martín, en su videoclub Líder (Foto: Lucía Blázquez)

Los últimos supervivientes en el alquiler de películas de Salamanca nos cuentan cómo salen adelante en un sector que parece caminar de manera irremediable hacia a su fin. 

Está siendo una muerte lenta y silenciosa. Poco a poco van cerrando los videoclubs de cada barrio y, donde antes podíamos encontrarnos con suficiente oferta y casi sin darnos apenas cuenta, ya solo quedan tres en Salamanca.

 

Atrás queda el ‘boom’ de este tipo de establecimientos, allá por el final de los años 80, cuando se abría un nuevo videoclub en cada manzana. José Martín, dueño del videoclub LÍDER (Calle Cuesta del Carmen, número 10) no cree que antes hubiese demasiados negocios de alquiler de películas: “Sí que había muchos, pero no considero que estuviese masificado. Si había muchos videoclubs era porque realmente se necesitaban.

 

Para el regente de este local, el comienzo de cierres de videoclubs no era una buena señal. “Aunque mucha gente me decía «bueno, como ahora hay menos, así tocáis a más», para mí eso no auguraba nada bueno.

 

La gran oferta de películas que se puede encontrar en el videoclub Anaya 97 (Foto: Lucía Blázquez)

 

Otro de estos últimos supervivientes es el videoclub ANAYA 97 (Calle Federico Anaya, número 49-53), cuyo dueño es Jesús Folgado Martínez, que ya está esperando a su jubilación, porque sus previsiones de futuro del sector no son nada esperanzadoras. “Cuando yo me retire no sé qué será de mi negocio, pero yo pienso seguir hasta el final”.

 

Este cinéfilo reconoce que ya mantiene el videoclub “porque no le queda otra”. Por la edad que tiene ya no puede ir a ningún otro negocio, así que sigue en su puesto hasta que se jubile. “Aquí por lo menos estoy en mi casa. Es un trabajo cómodo, bonito y ya lo hago por inercia”.

 

Ahora los videoclubs van más allá del alquiler (Foto: Lucía Blázquez)

 

TÉCNICAS DE SUPERVIVENCIA

 

Las estanterías rebosan de películas en formato DVD y algún que otro videojuego, pero por los pasillos no hay nadie curioseando. Jesús confiesa que “la vida me da que tengo clientela fija, tanto de la capital como de los pueblos. Los que vienen de lejos cogen muchas películas y se las dejo durante 15 días. Nos tenemos que adaptar como podemos”.

 

A José Martín, la necesidad les ha hecho ir más allá del alquiler, aunque sigue siendo su actividad principal. En el videoclub Líder también se pueden comprar DVD’s y se digitalizan cintas de VHS y de cámara a DVD.

 

Por norma, el género que menos se alquila son las ‘películas X’ y sobreviven a base de novedades y de cine de autor o los clásicos.

 

Entrada al videoclub Líder (Foto: Lucía Blázquez)

 

Ambos coinciden en que el perfil del consumidor es de mediana edad. Los jóvenes ya no saben cómo funciona un videoclub y, mucho menos, están dispuestos a pagar por tener una película por un tiempo limitado. “Antes la mayoría de nuestros clientes eran mucho más jóvenes, aunque venían de todas las edades”, dice José.

 

UN SECTOR QUE SE EXTINGUE

 

Jesús describe la muerte de los videoclubs en tres fases o, más bien, en tres crisis: la primera con la aparición de los canales temáticos de televisión, la segunda con la llegada del Blu-ray y la tercera con internet, que se ha intensificado además con la crisis económica. Esta última crisis ha sido la más grave. La piratería nos ha hecho muchísimo daño”.

 

Para José, el inicio del fin fue en 2005, con la descarga “masiva e indiscriminada que permite internet”. Desde entonces, las pérdidas prácticamente se igualan a los beneficios y en ninguno de los tres videoclubs se puede encontrar a más de un trabajador, que coincide siempre con el dueño.

 

“Lo normal es que este sea un sector a extinguir, salvo que encontremos la fórmula de los nuevos mercados, aunque eso creo que va a ser imposible”, cuenta, muy a su pesar, José.

 

Las películas de estreno son las de mayor éxito en los videoclubs (Foto: Lucía Blázquez)

 

Está claro que el alquiler físico está acabado, pero en países como Reino Unido o Noruega, el Gobierno ha decidido apostar por una oferta legal en línea, de calidad y con buen precio, para acabar con la tan perseguida piratería.

 

Los dueños de los videoclubs se encuentran indefensos ante el ‘gigante internet’ y solo piden que la competencia sea leal y legal. Hasta entonces, seguirán detrás del mismo mostrador con la esperanza de mantener a flote un barco tocado en la línea de flotación. 

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