El Mariquelo dedicará su XVII subida a la torre de la catedral a Proyecto Hombre

Torre de la Catedral

Desde las 11.30 horas, Ángel Rufino de Haro recordará de nuevo que el terremoto de Lisboa de 1755 no dejó víctimas en Salamanca.

Ángel Rufino de Haro, 'El Mariquelo', volverá a subir hoy, por vigesimo séptima vez hasta la cúpula de la torre de la catedral (ya que está prohibido ascender a la veleta desde el año 2009) desde las 11.30 horas.
 
 
El folclorista salmantino volverá a recordar de nuevo que el terremoto de Lisboa de 1755 no dejó víctimas en Salamanca y, además, dedicará la ascensión a la asociación Proyecto Hombre, aunque también tendrá unas palabras de ánimo para la lucha contra el cáncer de mama y el alzheimer.
 
 
Como viene siendo habitual, antes de subir a la torre de la catedral, 'El Mariquelo' ofrecerá un concierto con la agrupación musical 'Two Folk', además de dar un paseo en barca para recordar la importancia del Tormes en la capital charra.
 

EL ORIGEN DE LA TRADICIÓN
 

El 31 de octubre de 1755 se registró un fuerte terremoto en las costas del Cabo de San Vicente, en Portugal. Se calcula que tuvo una magnitud en torno a 9 en la escala de Richter y provocó un tsunami que afectó a buena parte de Europa Occidental y el norte de África. Pero sobre todo pasó a la historia debido a que ambos fenómenos arrasaron completamente la capital portuguesa, pasando a ser conocido como el terremoto de Lisboa.

 

En Salamanca se dejaron sentir los efectos del terremoto y la población asustada se refugió en la recién construida Catedral Nueva, finalizada en 1733. La construcción permaneció casi intacta tras el suceso, aunque algunas figuras de su fachada se hicieron añicos al caer al suelo. Pero el daño más importante lo sufrió la torre, que quedó ligeramente inclinada. A simple vista sólo puede apreciarse la falta de esbeltez de su trazado, dado que tuvo que ser reforzada en sucesivas veces por temor a que se derrumbara.

 

En conmemoración de aquel día, el Cabildo catedralicio de Salamanca estableció que todos los días 31 de octubre subiera alguien a la torre para tocar las campanas, para dar gracias a Dios y pedir que el terrible suceso no se repitiera. Además, era necesario medir año tras año la inclinación de la torre para comprobar que no siguiera inclinándose. Los encargados de iniciar esta costumbre fueron los Mariquelos, una familia que vivía dentro de la catedral y que se encargaba de tocar las campanas cuando correspondía.

 

El último mariquelo de la familia fue don Fabián Mesonero Plaza que dejó de subir al cimbalillo en 1977. En 1985, Ángel Rufino de Haro rescató el rito hasta la actualidad.