El fiscal pide un máximo de diez años para el acusado de Gran Vía

Conclusiones. Solicita una condena mínima de cuatro años de prisión si el jurado popular imputa un delito de homicidio por imprudencia. 6 meses de cárcel. También aprecia la conducción temeraria
e. g.

En las conclusiones, el Ministerio Público modificó sus penas iniciales, rebajando la solicitud de prisión para el acusado a un máximo de 10 años de cárcel por un homicidio y seis meses de prisión por un delito de conducción temeraria.

La Fiscalía rebajó las peticiones iniciales pero mantuvo sus dos posibilidades. En el supuesto de que el jurado popular decida imputar al acusado S. M. D., un delito de homicidio, propuso la pena de 10 años de prisión –en las conclusiones provisionales solicitó 12 años–. A lo que se añaden seis meses de prisión por un delito de conducción temeraria. Si por el contrario culpan al imputado de un homicidio por imprudencia –incluye en este delito la conducción temeraria–, el fiscal solicita cuatro años, mientras que antes de la vista oral solicitó seis años.

El fiscal consideró probada la conducción temeraria, ya que el acusado la madrugada del 24 de enero de 2009, condujo su turismo Opel Astra “dando trompos”, lo que pone de manifiesto que circuló de manera “temeraria”, pese a que pasó por una calle “en la que se veía que había peatones descontrolados” y teniendo sospechas de que “estaban pasados de alcohol”.

Su versión acerca de cómo ocurrieron los hechos se decanta por el homicidio con dolo eventual, ya que a su modo de ver “S. M. D. no quería directamente causar la muerte de Sergio N. S. J. pero condujo de una forma desconsiderada, sin importarle la posibilidad enorme de que los hechos ocurrieran como finalmente sucedieron o, incluso pudiendo ser más graves”, ya que varios jóvenes se encontraban en la calzada. Destacó también que dentro del turismo se sintió “más seguro y envalentonado. Pasó con el coche para arriba y para abajo y pasó lo que tenía que haber pensado que iba a pasar”.

Por último, indicó que S. M. D.“no pensó en arrebatarle la vida” a Sergio N. S.J., pero tuvo una “conducta consciente, que dio como resultado la muerte de la víctima”.
“La sociedad necesita saber que cuando se hacen las cosas como las hizo el acusado hay que pagarlas”, finalizó con esta frase dirigida al jurado popular su intervención el fiscal.

Por su parte, la acusación particular, que mantuvo la petición de 20 años de cárcel por un delito de homicidio voluntario, resaltó a los miembros del jurado que en el momento de los hechos el imputado se encontraba en “plenitud de facultades”, mientras que el fallecido las tenía mermadas por la ingesta de alcohol –arrojó 1,75 gramos por litro de aire en sangre–. Señaló también que en el momento del atropello la víctima, que “estaba bebida”, no estaba “atenta al coche. De lo contrario se hubiera apartado” como el resto de sus compañeros. Prueba de esta última afirmación es que según los informes forenses, el joven atropellado se encontraba en posición “frontolateral”, señaló.

Mantuvo en sus conclusiones que en los momentos previos al atropello tan sólo se registró una pelea entre Sergio N. S. J., su amigo y el acusado a raíz del accidente en los baños, “no hubo absolutamente nada más” y argumentó a través de los testimonios de varios testigos, que el resto del grupo de la víctima no participó en la discusión.

Por último defendió el agravante de abuso de superioridad, ya que “hubo desproporción entre lo que hizo el acusado y sus oponentes. Una persona no puede enfrentarse con el coche a un grupo de personas”.

La defensa mantuvo su petición d un año de prisión y otro año de retirada de carné. Para defender a su cliente aseguró que si no hubiera sido por el fatal desenlace, el acusado y no exnovia “hubieran sido las víctimas”. Relató también que “la víctima sabía que por la calzada pasan los vehículos, y en vez de echarse fuera de la lucha desigual, como estaban afectados por el alcohol van a por el coche, le dan golpes, patadas y le amenazan de muerte”. Rebatió la hipótesis del fiscal acerca de que el acusado pudo actuar por rabia, ya que según su versión, actuó impulsado por el miedo. Puntualizó que S. M. D., “no se fue tranquilamente a por el coche, sino que le iban persiguiendo”.