El Día del Trago en La Alberca supera los 500 asistentes del año anterior

Tradición legendaria. Los tres escancianos de este año repartieron nueve cántaros de vino, cuatro tareas de bizcocho y diez kilos de obleas
LORENA LAGO

Aunque el buen tiempo no fue este año el gran aliado, el viento fresquito de la Sierra no impidió, ni por un momento, que se conmemorara una celebración legendaria como es la del Día del Trago. Un buen número de albercanos y visitantes, que superaron en número a los 500 del año anterior, se congregaron en la Plaza Mayor del municipio para conmemorar una jornada que celebra la resaca de la del pasado lunes de Pascua, conocida como Día del Pendón.

En esta ocasión, los protagonistas, al contrario de lo que sucede el Día del Pendón, son los escancianos, hombres recién casados que reparten el vino traído de Sotoserrano agasajando a los presentes. Además, y siguiendo la tradición, el municipio cede a estos jóvenes seis ánforas de cobre que reciben el nombre de galletas y seis pares de vasos dobles de plata, denominados barquillos, con inscripciones que datan del año 1761.

El poder repartir el vino en estas galletas es todo un honor pues éstas se reservan a grandes autoridades, como el Rey, que degustó el caldo serrano durante su visita a La Alberca en este especial recipiente, que parece que también se sacó a su abuelo, Alfonso XIII.

Para la ocasión, asimismo, vecinos y turistas disfrutaron de un total de nueve cántaros de vino, cuatro tareas de bizcocho y 10 kilos de obleas que se degustaron en enclaves tan idílicos como es la Plaza Mayor.

Antes de finalizar esta celebración, los vecinos se arrancaron a danzar los tradicionales bailes serranos, gracias a la música siempre presente de Poldo, un momento muy especial que terminó con las danzas de los más pequeños que tampoco quisieron faltar a una cita tan esperada como concurrida.

Habrá que esperar al año próximo para volver a disfrutar de esta fiesta que cada vez cuenta con menos escancianos, por lo que ya se sopesa cambiar la costumbre permitiendo a jóvenes que se casen en La Alberca, pero no sean albercanos, repartir este el vino en estos emblemáticos recipientes.