El Cristo de la Liberación rememora la noche en la que parece que la muerte ha triunfado

El Cristo de la Liberación abandona el Colegio Arzobispo Fonseca de Salamanca (Foto: Teresa Sánchez)
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Las calles céntricas de Salamanca caen en el silencio en la madrugada del Sábado Santo para acompañar al Cristo yacente desde su espectacular salida del Colegio Arzobispo Fonseca. 

Cuando entra la madrugada del Sábado Santo el silencio se apodera de las calles del centro de Salamanca que acompañan el paso del Cristo de la Liberación junto al que caminan los cofrades de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz en una procesión presidida por la oración y el recogimiento.

 

Partiendo desde el Colegio Mayor Arzobispo Fonseca, donde el Yacente se encontraba desde su traslado el Viernes de Dolores, ha iniciado su recorrido por la cuesta de San Blas para ganar las calles más céntricas de la capital salmantina buscando la plaza de Juan XXIII, donde se oficia un responso.  

 

 

Un desfile que es como viajar en el tiempo puesto que así se enterraba en la Sierra de Salamanca hace tres siglos. La Hermandad del Cristo de la Liberación quiso sacar del olvido esa tradición y eligió un peculiar traje de luto llamado de ventioseno. Es un traje obra de Vicente Cid Pérez

 

Hermanos y hermanas procesionan por separado y en fila de a uno como se hacía en el siglo XVII y como se hace ahora para rememorar la noche en la que parece que ha triunfado la muerte.