El conductor que llevaba la droga dice que era de un autoestopista

Juicio. Los hermanos Ríos niegan dedicarse al narcotráfico, sino que trabajan en la compra venta de coches y la cría de perros.
E. G.

Uno de los cinco detenidos en abril de 2009 y conductor del turismo en el que se hallaron dos kilos de cocaína, B. R. M., aseguró ante el magistrado de la Audiencia Provincial que la mochila donde estaba escondida la droga no era de su propiedad sino que se la dejó un joven –al que, según su versión, recogió cuando hacía auto-stop–, que abandonó el coche al percatarse de un control policial.

El motivo de su viaje a Salamanca, procedente de Toledo, era para “comprar una desbrozadora a un señor con el que quedé en el Corrillo”. Negó también conocer al resto de los imputados, salvo a E. C. R., que es su sobrino, y que viajaba en el coche que presuntamente actuó de lanzadera. En su intervención negó que le hubiera dicho a los agentes que le detuvieron: “Lo que buscáis está en la mochila”, una negativa contradicha tanto por el jefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil como por otro de los agentes que aseguraron que el arrestado indicó dónde se encontraba la droga. “Ni la ropa que encontraron, ni la mochila, ni la droga son mías”, concluyó.

Su sobrino, E. C. R., –acusado de contactar con M. R. G. para acordar un presunto intercambio de droga– justificó su presencia en Alba de Tormes, –donde presuntamente se debían reunir ambos vehículos para determinar la forma de entrada en Salamanca y el procedimiento para descargar la mercancía, que entregarían supuestamente a los hermanos Ríos, M. R. G. y J. L. R. G.– alegando que es un municipio “por el que tenía que pasar para ir a Zamora, donde tenía previsto adquirir un perro de caza”, ya que, “me dedico a la cría de perros”. Aseguró también que durante el trayecto no se puso en contacto con su tío para avisarle de la presencia de la Guardia Civil.

Respecto a la vinculación con los otros acusados, sólo reconoció a S. F. V., que viajaba con él y a M. R. G. A. éste último le conocía por haber estado juntos “en un campeonato de galgos en Toledo en el año 2007”. Según su versión no se volvieron a ver y nunca estuvo en Salamanca –aunque testigos policiales aseguraron lo contrario– y sólo mantuvieron contacto telefónico para hablar de la cría de perros. Esta versión fue ratificada por M. R. G.

S. F. V., que viajaba en el supuesto vehículo lanzadera, señaló que el motivo del viaje era “para acompañar a E. C. R. para comprar un galgo”, un viaje por el que conseguiría una comisión de entre 100 y 200 euros. Al resto de detenidos, “no los conozco”.

Por su parte, M. R. G., aseguró que el destino de la droga incautada no era “ni yo, ni mi hermano” y apuntó a que su implicación en los hechos se debe a “una confusión de la Guardia Civil”. Señaló que su única ocupación es la compra venta de coches y la cría de galgos. El dinero que se encontró en su domicilio –unos 216.000 euros en su casa y en la de su hermano–, donde fue detenido, “no iba destinado a adquirir droga”, sino, “que mi familia me lo prestó” para “una subasta”, a la que iba a acudir a Madrid para “comprar un lote de coches de alta gama”. Por último señaló que se considera “inocente” del delito de tráfico de drogas que se le imputa. Mientras, J. L. R. G., aseguró que se dedica a la misma profesión que su hermano. Detalló que de los 80.000 euros encontrados en el registro de su domicilio, 45.000 proceden de una herencia y el resto se los dejó su suegra. Negó mantener relación con el resto de detenidos, salvo con su hermano y aseguró que “nunca me han cogido con nada y con 41 años que tengo, si me dedicase al narcotráfico me hubieran cogido alguna vez”. El juicio se reanuda hoy con el testimonio de los testigos.