El Comedor de los Pobres de Salamanca, con lista de espera, no da abasto

Fotos: CAH

Atiende a más de mil personas en Salamanca y, a pesar de contar con nuevas instalaciones y mejor dotadas, no tienen capacidad suficiente. El año pasado repartieron 30.000 menús y 150.000 kilos de alimentos. Necesitan comida, financiación y voluntariado.

Los responsables del Comedor de los Pobres, Rocío Ledesma y Jesús Rodríguez, lamentan las grandes necesidades que se están detectando en Salamanca, “gente normalizada que ha llegado al límite, españoles y que nunca había pedido para comer, pero ahora no tienen más remedio porque han agotado las prestaciones por desempleo u otras ayudas”, explica Ledesma, que ayer participó en la presentación de su campaña de alimentos ‘Súmate’.

 

Pero, además, no se trata únicamente de cubrir necesidades básicas como la alimentación, si no que en la Asociación Amigos del Silencio, que gestiona este comedor, ofrecen una “ayuda integral”, con el objetivo de abordar otros aspectos como la vivienda, las garantías de los menores o asuntos legales a los que se enfrentan las personas cuando carecen de recursos.

 

“Cada vez hay más personas con serios problemas económicos para salir adelante”, asegura Rocío Ledesma que es la coordinadora social del comedor. No en vano, comenta ejemplos como el de dos personas que llegaron a su sede en Salamanca (en el paseo de la Estación) cuando ya llevaban varios días sin probar bocado u otra a la que tuvo que conceder una ayuda de 100 euros para que no le cortaran el gas.

 

“¿A dónde vamos a llegar? ¿qué están haciendo nuestros políticos?”, se lamenta Jesús Rodríguez, voluntario de la asociación. La evolución de los datos que barajan no es alentadora, porque aseguran que cada vez hay más gente que pide su ayuda para poder comer. Para ello necesitan más financiación; hasta ahora el dinero llega fundamentalmente de donaciones particulares (61%), a lo que se suman empresas privadas como Ecotisa (9%), Fundación Rodríguez Fabrés (7%), las cuestaciones, actos solidarios o el rastrillo (17%) y, por último, el Ayuntamiento de Salamanca (6%).

 

Rocío Ledesma, coordinadora social del Comedor de los Pobres.

 

Las peticiones de comida son muchísimas y han aumentado últimamente tanto que la asociación no da abasto, no puede cocinar para todos. La asociación tiene lista de espera, porque, aunque afirman que todo el que llega al comedor tiene un plato de comida que llevarse a la boca, no pueden ofrecer a todos la ayuda integral que sería conveniente. Esta ayuda integral requiere un trabajo más completo cuyo fin es solventar y estabilizar la situaciones de precariedad que cada persona o familia atraviesa. La trabajadora social del comedor se encarga de elaborar un estudio socioeconómico de quienes piden ayuda. Así, en el último año, se ha atendido a más de 700 personas.

 

En el ámbito de las familias se producen una intervención específica e igualmente integral, ya que han de atenderse necesidades de vivienda, agua, vestido, educación de los niños y una mejora continua de las condiciones de vida. En 2015, se atendieron de esta forma  a 350 familias, que han requerido pago de alquileres, hipotecas, recibos de luz, agua o gas, y asesoramiento legal para afrontar problemas de embargo o desahucios.

 

Sin embargo, el servicio principal del Comedor de los Pobres es asegurar una alimentación equilibrada a quien lo necesite. De lunes a viernes, a las 12.30 horas, los usuarios reciben comida elaborada que pueden llevar a sus casas “potenciando así la intimidad”. A lo largo del año pasado, se repartieron más de 30.000 menús de este tipo.

 

 

Hace dos años optaron por añadir otra modalidad de atención de entregar un lote de comida al mes a las familias que lo necesitaran. Un pack con leche, cacao, arroz, lentejas, tomate, chorizo, fruta, azúcar, harina o aceite, entre otros productos de consumo habitual. Este servicio repartió el pasado año alrededor de 150.000 kilos de alimentos.

 

Para realizar toda esta labor, el Comedor de los Pobres- Amigos del Silencio cuenta con un equipo de 150 voluntarios (en servicios de Cocina, reparto de alimentos, distribución de menús en taper, logística y transporte, coordinación, secretariado o limpieza).