El cierzo enfría las meriendas en la finca de Buenamadre y en el parque de Peñaranda

La ermita. La Virgen de los Remedios, fiel compañera de la degustación del hornazo en la dehesa salmantina, punto de encuentro el Día del Toro
miguel corral / cecilia hernández

Un año más la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Buenamadre fue testigo de la llegada de cientos de salmantinos dispuestos a dar cuenta del hornazo en esa fecha tan señalada como es el Lunes de Aguas o Día del Toro, como por la zona se conoce a esta jornada tradicionalmente. Vecinos de Ciudad Rodrigo, Bocacara, Aldehuela de la Bóveda, Peralejos de Abajo, Encinasola de los Comendadores, Casasola o Ledesma acudieron con mesas, sillas y manteles a la dehesa de Buenamadre.

Sobre los manteles a la solana de los coches y de las escasas ondulaciones que aquí ofrece el terreno, no faltaron tortillas, aceitunas, embutidos, quesos, empanadas, y por supuesto, hornazos, en su mayoría rellenos de jamón, chorizo y huevo. La ligera brisa que puso más fresca de lo deseable esta jornada, no fue impedimento para que cientos de familias pasaran una tarde en compañía de los suyos disfrutando del campo y el aire limpio del Campo Charro
Esta tradición de miles de salmantinos, que surgió como un encuentro de Fe a Nuestra Señora de los Remedios, se mantiene inalterada gracias a su cofradía de más de 500 años de antigüedad. El acuerdo al que el año pasado llegaban sus cofrades con el Ayuntamiento de Buenamadre, y los feriantes, para costear la contratación de una póliza de seguros que cubra cualquier incidencia durante su celebración, ha permitido que esta fiesta se mantenga sin interrupción.

El parque El Inestal de Peñaranda de Bracamonte, por su parte, registró menor afluencia de ciudadanos dispuestos a merendar que en otras ocasiones, por motivo del cierzo que soplaba y que hizo complicado y molesto organizar todo lo necesario para una tarde de campo. La dulzaina Alborada animó a bailar, para entrar en calor, a todos los paseantes y a aquellos que destapaban sus fiambreras que escondían, además del tradicional hornazo, otras delicias como tortillas de patatas caseras.