El centro histórico cambia asfalto y coches por una llanura de granito en su proceso de peatonalización

La calle Obispo Jarrín.
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La generalización de las losas de granito para la rehabilitación de calles y plazas del casco histórico hacen que el gris le gane terreno al dorado en el urbanismo salmantino. Azafranal, Poeta Iglesias o la plaza del Mercado son ejemplo.

En unos días el Ayuntamiento de Salamanca dará por finalizadas las obras de la plaza de Santa Eulalia, sus entornos y peatonalización de Pozo Amarillo. Una actuación con la que prácticamente se remata la transformación a la que buena parte de las calles y plazas del casco histórico se han sometido. El proceso, que ha llevado cerca de 20 años, ha cambido el aspecto de todos los entornos urbanos relevantes de las cercanías de la Plaza Mayor, y lo ha hecho con una característica común: el pavimento de losas de granito.

 

Dejando al margen los efectos prácticos de la peatonalización (ganar espacios para el ciudadano, consecuencias para el comercio), el cambio de la fisonomía de estos espacios ha traído una nueva imagen para la ciudad: la sensación de encontrarse en una llanura de granito. La utilización de este material en la reforma de calles que se peatonalizan y que ganan en anchura ha generado una superficie totalmente plana y gris de muchos metros cuadrados. A ello hay que añadir el hecho de que, en muchos casos, el mobiliario urbano sea sucinto, que se hayan eliminado árboles (o que se planten ejemplares pequeños y con poco espacio) o que la vegetación se reduzca a grandes maceteros que han acabado sirviendo para cortar el paso a los vehículos. El resultado, un aspecto un tanto desolador.

 

Los ejemplos más claros son los de la plaza Poeta Iglesias, una superficie plana solo rota por una estatua; los entornos del Mercado Central, donde ningún elemento sobresale al estar acera, aparcamientos y calzada casi al mismo nivel; la cercana plaza del Ángel; la plaza de San Justo, también reformada; la bajada por Obispo Jarrín hacia la Gran Vía, un largo recorrido granítico sin apenas árboles ni mobiliario urbano; o la plaza de la Constitución. El resultado, al margen de que se hayan hecho con buenos materiales y con un importante coste, son lugares un tanto inhóspitos, especialmente en las jornadas de sol y calor.

 

 

PLAZAS Y CALLES 'DURAS'

 

El efecto que hace la elección de estos planteamientos y materiales para la rehabilitación urbana va más allá de la cuestión estética. La generalización del granito ha sido criticada por el grupo socialista en el Ayuntamiento, que considera que con la proliferación del gris calles y plazas se convierten en ubicaciones 'duras', poco acogedoras para los ciudadanos pese a la ganancia en metros. Pero lo más importante para el grupo de la oposición es la pérdida en historia.

 

Según el concejal Joaquín Corona, actuar de manera uniforme en todos los espacios que se rehabilitan arrebata las características históricas particulares de muchas calles y plazas. En este sentido, desde el PSOE proponen el análisis individual de cada caso para hacer actuaciones que permitan conservar la historia de cada lugar sin que se pierda la huella de negocios o edificios. Algo que no se consigue ahora porque un gran número de ciudades ha optado por un urbanismo similar en materiales y planteamientos: explanadas duras de granito y sin árboles se pueden ver en muchas ciudades. Esta circunstancia lleva a preguntarse hasta qué punto han sido las empresas de obra pública las que han impuesto un modelo estándar para los centros históricos.

 

A tenor de los planes del Ayuntamiento de Salamanca, la situación puede ir a más. El alcalde, Alfonso Fernández Mañueco, ya ha prometido en el Plan de Movilidad eliminar el tráfico de todo el centro en el área comprendida entre la Gran Vía, el paseo Carmelitas, la avenida de Mirat y el paseo de Rector Esperabé. Bajo su mandato se han peatonalizado Azafranal, plaza Santa Eulalia o calle Pozo Amarillo, por citar las más céntricas e importantes (hay muchas más), y que ha prometido peatonalizar el doble de calles que en todos los mandatos de anteriores alcaldes.

 

 

CASI 20 AÑOS Y UNA IMPORTANTE INVERSIÓN

 

El inicio de esta transformación hay que buscarlo tres legislaturas atrás cuando se inició la rehabilitación del casco histórico y, de manera especial, de todas las calles y plazas del entorno de la Plaza Mayor. A esa época corresponden las obras en la Plaza de la Libertad (1998), en la calle Quintana y las plazas de Poeta Iglesias y del Corrillo (acabadas en 2005), la reforma de las calles Juan del Rey, Íscar Peyra, Prado, Miñagustín y Cuesta (2009) y la actuación en todo el entorno de la Plaza del Mercado (2011). 

 

El coste económico no ha sido desdeñable. Todas las actuaciones arriba citadas han supuesto una inversión de más de 4,8 millones de euros que se acometió en anteriores etapas y en medio de una coyuntura económica muy favorable en la que los servicios de las empresas constructoras estaban entre los más reclamados por los ayuntamientos para llevar a cabo proyectos millonarios. En el actual mandato, las peatonalizaciones más importantes (Santa Eulalia-entornos-Pozo Amarillo y Azafranal) ha costado cerca de 500.000 euros.