El Centro Documental recibe seis cuadernos manuscritos y cartas personales de Carlos González-Posada

Implantó los seguros sociales en España y el desarrollo del Instituto Nacional de Previsión.

El Centro Documental de la Memoria Histórica ha recibido hoy la donación de seis cuadernos manuscritos, y algunas cartas personales, escritas por Carlos González Posada, que constituyen un testimonio único sobre la tragedia de la guerra civil. Fueron escritos día a día y no sufrieron modificaciones. En ellos se encuentran congeladas las percepciones, vivencias e impresiones de una persona perteneciente a la clase media republicana, que vio su vida removida por los tiempos tumultuosos en los que le tocó vivir. Sus páginas relatan vivencias familiares y personales, pero también de la vida en la retaguardia republicana y en la sublevada, y describen la situación internacional europea.

 

Son un total de 363 hojas, manuscritas por un hombre íntegro y cabal, que relatan con extraordinaria claridad sus vivencias durante aquellos años trágicos que han sido puestos a disposición de los ciudadanos gracias a la generosa donación de su única hija, Lucila González, y de sus nietos.

 

Biografía

Carlos Ramón Manuel González-Posada Díaz (Oviedo, 1890-Madrid,1948) fue hijo del jurista Adolfo González-Posada, catedrático de Derecho Político en las Universidades de Oviedo y en la Central de Madrid. Estudió en las Universidades de Oviedo y Central de Madrid. Imbuido por el regeneracionismo de su padre y del denominado “Grupo de Oviedo”, en el que sobresalían, además, Leopoldo Alas “Clarín”, Aniceto Sela, Rafael Altamira, Félix de Aramburu o Fermín Canella, y fue discípulo directo de Adolfo Álvarez-Buylla.

 

Autor de diversas monografías y artículos sobre temas jurídicos, renunció a la carrera universitaria para trabajar en la implantación de los seguros sociales en España y en el desarrollo del Instituto Nacional de Previsión. En 1920 obtuvo una plaza en el Cuerpo de Letrados de la Secretaría del Congreso de los Diputados, llegando a ser secretario personal de Julián Besteiro durante el período en el que éste presidió las Cortes constituyentes de la Segunda República.

 

También fue miembro de las delegaciones españolas en las Conferencias Internacionales del Trabajo que tuvieron lugar en Ginebra en los años 1930, 1932 y 1934.  Durante el conflicto bélico de 1936-1939 vivió en la retaguardia de las dos zonas enfrentadas, huyó a Francia con su familia, volvió a España, padeció prisión y fue depurado profesionalmente. Su trayectoria vital y los dramáticos acontecimientos cometidos por ambos bandos, de los que fue testigo presencial, llevaron a este intelectual de influencia republicana a un escepticismo casi absoluto.