El campo salmantino reclama “lluvias” urgentes que palíen la extrema sequía de otoño e invierno

Los cultivos de regadío y el ganado, los grandes perjudicados por la ausencia de precipitaciones

El campo salmantino tiene un nuevo problema: la sequía extrema de los meses de otoño e invierno, que ha provocado que las charcas estén vacías y que los pastos brillen por su ausencia con todo lo negativo que ello conlleva.

En este apartado, los ganaderos han tenido que contar con cisternas con agua para paliar las deficiencias de esta situación de ausencia de lluvias, que ha provocado que no haya pastos en el campo y los animales no hayan podido alimentarse, además de la situación en la que se encuentran la práctica totalidad de las charcas en la provincia: vacías.

“Es necesario que empiece ya a haber lluvias aunque los problemas con el pasto no tienen remedio y para que las charcas estén a buenos niveles tiene que llover mucho. Además, el pantano de Santa Teresa se ha resentido y no hay que olvidar que el 1 de abril comienza de manera oficial la campaña de regadío y las perspectivas no son muy optimistas”, señaló el presidente de la Cámara Agraria y de Asaja, Vicente de la Peña.

Precisamente éste es otro inconveniente para los agricultores de la provincia ya que los cultivos de regadío, como su nombre indica, necesitan agua para desarrollarse y crecer para poder arrojar buenas producciones en la recogida, por lo que las lluvias de la primavera se antojan imprescindibles.

El secano, en estado límite
Por su parte, los cultivos de secano, en concreto los cereales de invierno, están en una situación límite porque aún no se han notado daños graves, a excepción de algunas parcelas que se sembraron más tarde y cuya planta, o no ha nacido o se ha desarrollado mal.

No obstante, “las lluvias deben hacer ya acto de presencia para evitar males mayores y que se estropee un cereal que tiene muy buena presencia y unas perspectivas de producción muy buenas de cara a la recogida”, señala De la Peña.

Ya lo dice el refrán, “abril y mayo hacen el año”, y pueden salvar a los agricultores de una debacle porque diciembre y enero, especialmente, han sido dos de los meses más secos de la historia. Y eso, lo nota, y mucho, el campo.