El calvario que ahora nos llega de golpe

 
El decreto publicado ayer sobre el papel donde se especifica el ajuste del Gobierno para reducir el déficit público abre un periodo de recortes sin precedentes que nos afectará profundamente a todos de una u otra forma. A las anunciadas rebajas para funcionarios y pensionistas, se une ahora la enorme reestructuración a la que se verán sometidas las corporaciones locales, quienes no sólo dejarán de recibir un montón de dinero por parte del Estado, como ya ocurrió el año pasado y el presente, sino que no podrán recurrir a la vía del crédito para asegurar los servicios sociales y la inversión pública. Un puzle difícil de resolver con unas elecciones municipales y autonómicas a la vuelta de la esquina, que, esta vez sí, las ganarán quienes realmente demuestren su ingenio y su compromiso con los ciudadanos, porque no habrá ni un duro para comprar votos y muy pocos euros para mantener unas administraciones que hacen agua por los cuatro costados. Por si fuera poco la que se avecina, el Fondo Monetario Internacional no se conforma, como era previsible, con el ahorro previsto por Zapatero, sino que le exige, y ya lo ha hecho en otras ocasiones, una reforma laboral y fiscal que pasará, casi con toda seguridad, por abaratar el despido y por retrasar la edad de jubilación. El aviso llega también para el sistema financiero, con duras críticas al retraso en los procesos de fusión. Los deberes que no se han hecho a tiempo exigen ahora días y noches sin dormir.