El Barcelona muestra dos caras y le falta puntería para resolver antes

 
EFE
E l Barça sufrió más de lo previsto para sacar adelante su partido y convertirse en líder del grupo. Se vio abocado a una noche espesa que empezó muy bien y terminó con el estadio reclamando la hora. Desprovisto de Xavi, perdió la brújula natural de su juego, sobre todo en la segunda parte cuando el sorprendente Copenhague reclamó protagonismo y amenazó con provocar un descosido en el Camp Nou. Como siempre, Messi acudió al rescate de su equipo.

El entrenador culé dio descanso al centrocampista, cerebro y alma del Barça. La ausencia caló más en el subconsciente colectivo que en el juego. El balón no fluyó igual pero el plan cambió poco o nada. El Barça juega con los ojos cerrados, todos convencidos y a una, y sólo queda a la espera de consumar la integración de David Villa.

El gol llegó por insistencia, por la contumaz perseverancia del Barça. Messi armó la zurda en medio metro y desde fuera del área, clavó el disparo en la escuadra. El típico gol del argentino.

El Barça no fue capaz de desatascar definitivamente la tubería y se metió en un problema. De repente, N’Doye se sacó un trallazo al larguero y con Pinto descolocado, Santin cabeceó fuera con la porteria vacía. El Camp Nou palideció porque estaba más cerca el empate que la sentencia a favor. El Barcelona se quedó a medio camino entre ir a por el partido o guardar la ropa y terminó por pasar un mal rato, pese al segundo de Messi.