El Ayuntamiento se salta con la fiesta en la Plaza cuatro artículos de un reglamento con solo tres meses

La permisividad del equipo de Gobierno con la fiesta privada desautoriza a la primera un reglamento por el que hubo que esperar dos años. El expediente 'a posteriori' incumple normas sobre publicidad, uniformidad de elementos, mobiliario... y tiene difícil encaje en la protección de la Plaza Mayor.

El reglamento de usos de la Plaza Mayor tuvo que esperar cerca de dos años para ver la luz, pero ha tardado menos de tres meses en quedar en entredicho. La que iba a ser una norma que evitara los usos indebidos del espacio más emblemático de Salamanca no ha pasado su primera prueba y su existencia se ha demostrado insuficiente para frenar una de las situaciones contra las que debía actuar. La causa, una fiesta privada organizada en la terraza de un restaurante con local en la plaza y en la que se utilizaron elementos que, aparentemente, entraban en conflicto con la normativa para el ágora salmantina. El problema, como señala la oposición, no haber vigilado que se cumplieran todos los términos del permiso.

 

El montaje, que contaba con la autorización municipal, se extralimitó en el permiso, motivo por el cual el Ayuntamiento ha anunciado un expediente que se tramitará a posteriori. Eso significa que ni el conocimiento de la infracción ni la existencia del nuevo reglamento bastaron para impedir que el evento se celebrara. Ni siquiera si se confirman los incumplimientos que ha esgrimido el Ayuntamiento. Una situación que cuestiona la eficacia del nuevo reglamento ya que no impide situaciones ya conocidas.

 

 

COMO ANTES DE QUE HUBIERA REGLAMENTO

 

Esto supone que, de nuevo, el Ayuntamiento actuará a posteriori, multando por una infracción en lugar de impedirla. Ya ocurrió con el caso de la publicidad de Brugal proyectada durante la Nochevieja Universitaria de 2013 en los pabellones de la Plaza Mayor. Aunque el equipo de Gobierno era consciente de que podía producirse y se había advertido a la empresa, la proyección se produjo y solo una vez era imparable el Ayuntamiento comunicó el expediente que acabó en una multa leve.

 

Aquello ocurrió antes de que se aprobara el reglamento de usos de la Plaza Mayor que estuvo casi dos años parado hasta que, el pasado junio, entró en vigor definitivamente tras ser aprobado en mayo en uno de los últimos plenos municipales de la pasada legislatura. Era uno de los compromisos más importantes del alcalde Fernández Mañueco en materia de protección patrimonial.

 

 

VARIOS INCUMPLIMIENTOS

 

Con las imágenes y una visita al montaje antes de que empezara el evento hay varios preceptos del nuevo reglamento que se habrían incumplido. La colocación de una moqueta verde que ocupaba la superficie de la terraza, de pequeños árboles que separaban el perímetro, de un panel con los logotipos de marcas comerciales que patrocinaban el evento y de numeroso mobiliario que no era acorde con el reglamentario va contra, al menos, cuatro artículos del reglamento de usos.

 

Así, el artículo 6 prohíbe "cualquier actuación en la Plaza Mayor que sea contraria a su uso o destino o implique su deterioro, ya sea por obras, rotura, sustracción, incendio, vertido, colocación de elementos de publicidad..."; probición que se concreta en el artículo 8: "Se prohíbe, con carácter general, la colocación de carteles, vallas, pancartas, adhesivos, papeles pegados o cualquier otra forma de propaganda o publicidad".

 

Además, el artículo 17.2, que afecta a las terrazas, obliga a "mantener en el espacio público de la Plaza Mayor en las terrazas autorizadas una coherente uniformidad de los elementos conformadores de las mismas". Y el 17.4 recoge que "sólo podrán utilizarse en el espacio de la Plaza Mayor los elementos de mobiliario autorizados en las terrazas o en actividades o espectáculos permitidos o autorizados, o el instalado por los servicios municipales".

 

Todas ellas son infracciones consideradas leves, con lo que la empresa que ha pedido la autorización se enfrenta a multas económicas de menor cuantía. Y a ello hay que unir el reglamento general de terrazas, cuyo articulado insiste en la necesidad de instalar solo los modelos de mobiliario autorizados y prohíbe la inserción de toda clase de publicidad en los que se pongan. 

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