El autor del accidente mortal del Clínico declara no recordar nada

Testimonios. Agentes y testigos coinciden en que el imputado conducía ebrio, a gran velocidad y que le reiteraron que parara el coche. Conclusión. La Fiscalía mantiene la pena de tres años de cárcel
E.G.

El acusado por el accidente mortal en la curva del Clínico en la madrugada del 1 de marzo de 2009, Á. I. C., confesó durante la vista oral celebrada ayer en el Juzgado de Colón que no recordaba nada de lo sucedido desde el momento en que cogió el coche, hasta que se produjo el accidente.

Durante su declaración, marcada por las constantes lágrimas, el acusado detalló que antes del accidente se encontraba “tomando algo” en el bar Lola, donde permanecían el resto de heridos y reconoció haber consumido alcohol. Posteriormente, según su versión de los hechos, acudió a un párking donde había dejado el turismo, cerca del bar, con la intención de conducir ya que aseguró que en el momento de coger el coche “creía que estaba en condiciones”.

El imputado reiteró que no se dio cuenta de cuántas personas entraron en el vehículo, ni recuerda el destino al que se dirigían: “Yo llevaría a quien fuera al sitio que fuera pero no lo sé, no recuerdo nada, ni tampoco recuerdo cómo se produjo el accidente”. Señaló también que no recuerda si se saltó un semáforo en rojo ni si llevaba puesto un pomo en el volante debido a su minusvalía. Además, negó que los acompañantes le mostraran su voluntad de bajarse del vehículo y le solicitaran que parara, ya que “si lo hubiera escuchado, hubiera parado. Qué me hubiera costado hacer eso”, señaló.

Por último, declaró que tuvo conocimiento de que uno de los viajeros de 19 años, D. M. A., falleció en el accidente en el centro hospitalario “me enteré cuando estuve en el hospital y se me cayó el mundo encima”. Según sus palabras, “he querido llamar a la familia pero mis amigos me comunicaron que no querían verme. Me arrepiento mucho porque sé que he hecho mucho daño. No quería hacerlo”, finalizó su declaración el acusado. Por su parte, los agentes de la Policía Local que realizaron el atestado coincidieron en que el joven presentaba signos de embriaguez “tenía las pupilas dilatadas, realizaba giros vacilantes, tenía un habla titubeante y un fuerte olor a alcohol”. Al respecto, las pruebas de alcoholemia efectuadas en el lugar del siniestro arrojaron 0,53 miligramos por litro de aire espirado y 0,51 en la segunda prueba.

Los agentes confirmaron que el coche, que chocó contra un bordillo, posteriormente contra dos árboles y acabó impactando en un muro, circulaba a una velocidad superior a la permitida, sin precisar la velocidad exacta. Además, varios agentes confirmaron que “el volante no tenía el pomo, (necesario para su minusvalía) ni tenía marcas de haberlo llevado”. Por último, los agentes precisaron que sólo un ocupante tenía quemaduras por el cinturón, por lo que al parecer el resto “no lo llevaba puesto”, aunque alguno de los testigos sí aseguró que se lo había puesto. A los cuatro ocupantes del vehículo (J. R. G., D. B. M., F. G. M. y P. H. A.) que resultaron heridos y algunos de los cuales se deben someter a intervenciones quirúrgicas, todos coincidieron en que se montaron en el vehículo para ir a la discoteca Ávalon pero “dimos una vuelta que no teníamos que haber dado. Esa vuelta la dio el conductor, los demás queríamos que fuera a la discoteca”, señaló J. R. G. También coincidieron en que el acusado circulaba a gran velocidad, que se saltó un semáforo en rojo y que le repitieron en reiteradas ocasiones que parara.

Además, aseguraron que cuando se montaron pensaron que el imputado estaba en condiciones de conducir. Señalaron también que no se bajaron del coche porque no podían ya que al tener tres puertas “se tenía que bajar el piloto o copiloto para poder salir”. También algún testigo confirmó que el conductor llevaba puesto el piloto sport.

El fiscal, que le imputa un delito de conducción bajo los efectos del alcohol, otro de homicidio por imprudencia grave y cuatro delitos de lesiones por imprudencia grave mantuvo la pena de tres años de cárcel y la retirada del carne durante cinco años (una vez transcurrido este tiempo deberá volvérselo a sacar) además de una indemnización para las víctimas de 132.926 euros. Mientras, el abogado de la familia del fallecido pide cuatro años de cárcel por el delito de homicidio imprudente y seis de retirada de carné.