El acusado de matar a su novia no recuerda el momento de la agresión

Crimen en Villamayor. El imputado relata que momentos antes de asestarle las puñaladas mortales mantuvieron una discusión
E. G.

Sé que cogí la navaja pero no sé lo que hice. Sólo me di cuenta de lo que hice cuando la vi sangrar. No se dónde la pinché. Sangraba por el cuello pero hasta que no la vi ensangrentada y vomitando sangre no sabía lo que había hecho”. De esta manera relató Víctor M. G. P., cómo agredió mortalmente a la joven María San Cipriano el 7 de agosto de 2008, durante su interrogatorio en la Audiencia Provincial.

En su intervención, con la voz nerviosa y entrecortada, explicó que un mes antes de la agresión la víctima decidió dejar la relación que habían mantenido durante dos años, los motivos, señaló que los desconocía. Sin embargo, pese a la ruptura, “nos seguíamos viendo y hablábamos mucho”. Fue el fin de semana anterior a la agresión –el 7 de agosto de 2008–, según su testimonio, cuando “tras invitarla a venir conmigo a Cantabria” y rechazar la propuesta “decidí cortar la relación”. El miércoles 6 de agosto, el acusado, tras terminar las clases –estaba preparándose una oposición– llamó a la víctima pero al “tener el móvil apagado” llamó a la amiga de María San Cipriano. Sobre las 20.30 horas acudió a la casa de la amiga de la víctima, en el paseo de la Estación, con la finalidad, según su versión, de entregarle algunas pertenencias. “Entré en la casa, le di sus cosas y estuve hablando con la amiga. Cuando le indiqué que me iba, María me dijo que se marchaba también. Le dije que si quería la llevaba” ya que, según testificó, el lugar donde vivía María San Cipriano –en Huerta Otea– estaba de camino a su domicilio en el municipio de Ledesma.

Una vez que llegaron al domicilio de la víctima, “me dijo que si me quedaba un rato y yo me quedé”. Permanecieron tanto dentro como fuera del vehículo y durante ese tiempo “estuvimos hablando de nosotros, de lo que había pasado ese verano, de nuestros amigos. Ella se mostraba cariñosa conmigo, me decía que me quería y yo quería estar con ella”, declaró.
“Estábamos dentro del coche besándonos y acariciándonos y decidimos ir a un sitio más tranquilo”, señaló. Una vez que llegaron a un descampado próximo a la depuradora de Villamayor, lugar al que acudieron en varias ocasiones para mantener relaciones, según el imputado, retomaron la conversación en la que Víctor M. G. P., le preguntó si en el tiempo que permanecieron separados “había estado con otros chicos. Ella me dijo que no, que no le interesaban y que todavía me quería”. En ese momento, se sintió “engañado” por la amiga de la víctima, quien le aseguró que “María quería conocer a chicos”. Por ello, le escribió un mensaje y al poco tiempo, a María le llegó otro mensaje. Al creer que era de la amiga, el imputado le cogió el teléfono y “vi que debajo tenía mensajes de otros chicos”. Comenzó entonces un forcejeo entre víctima y agresor por hacerse con el móvil. “Me sentía mal, utilizado. Pensé que me mentía. Yo quería leer todos los mensajes y ella no quería”. Abrió la puerta del piloto para “salir a leer los mensajes”, pero “se echó encima” y cayeron los dos. Durante el forcejeo por conseguir el móvil “vi la puerta abierta y recordé que tenía una navaja” en la guantera de la puerta del copiloto. “No pensé en cogerla, fue como un acto reflejo”.

En el momento de la agresión –le asestó hasta seis puñaladas, cinco en el cuello y una en la zona lumbar– dijo que no recordaba nada, sólo cuando la vio sangrar. “No sabía que hacer, estaba asustado y hundido”. Tras los hechos relató que la metió en la parte trasera del coche; le puso una toalla para taponar las heridas; “le limpié la boca porque parecía que se estaba ahogando e intenté hacerle el boca a boca”. Al comprobar que no respondía llamó a su hermano porque “no sabía qué hacer” y éste le aconsejó que no se hiciera daño y que llamara a la Policía, y fue lo que hizo, según su relato.