El acusado confesó a la Policía que había matado a su pareja

Conversación telefónica. Declaró: “mi novia se encuentra mal, no tiene vida. Yo no quería”, durante la llamada mantenida con los agentes.
E. G.

No la he pegado, la he matado”. Estas fueron las palabras que el acusado Víctor M. G. P. expresó en el momento que avisó de lo ocurrido a la Sala del 091 de la Policía Nacional, la madrugada del día 7 de agosto de 2008.

La segunda sesión del juicio comenzó con la llamada que el imputado, por la muerte de la joven de 18 años María San Cipriano realizó, instantes después de asestarle las puñaladas, a la Policía Nacional. Con la voz nerviosa, entrecortada y con momentos de derrumbamiento, el acusado explicó a los agentes que había “tenido un problema” y “le he hecho daño a una persona”. Al encontrarse en una ubicación de difícil acceso –en un descampado próximo a la depuradora de Villamayor– los agentes tardaron en dar con su paradero, guiados por las explicaciones del imputado, que permaneció durante aproximadamente 20 minutos conversando con los agentes, a la vez que mantuvo las luces del vehículo encendidas para facilitar la localización del turismo en el que se encontraba junto con la víctima.

A las preguntas de los agentes para conocer lo que había ocurrido y la persona a la que había agredido, Víctor M. G. P. les explicó: “Es mi novia, quedé con ella como otros días. Teníamos problemas, la pillé en mentiras, llamadas con otros tíos en el móvil. Me puse nervioso y es que no sé... lo siento”. Respecto al estado de la víctima comentó “está aquí conmigo. Mi novia se encuentra mal, no tiene vida”, a la vez que repetía “yo no quería. Nunca he hecho nada. Yo me hago responsable de lo que sea. Es como si se me hubiera nublado la vista. Fue muy rápido todo”.

Confesó también a los agentes durante la conexión telefónica que empleó para la agresión “un cuchillo que siempre está en el coche”.

Uno de los efectivos que participó en la localización del acusado y de la víctima declaró que lo único que comentó el imputado fue que “no sabía lo que había hecho y que pedía perdón”. Otro de los agentes que actuó como testigo aclaró que Victor M. G. P. le confesó que el motivo de la agresión fue “una discusión por celos” y que “lo sentía”.

Navaja prohibida
Respecto a la navaja con la que el acusado reconoció que agredió a la joven en el cuello y en la zona lumbar, dos agentes que testificaron señalaron que se trata de un arma “prohibida” ya que está diseñada “en modelos de comandos militares”, con una zona de sierra, nueve centímetros de hoja y doble filo, de modo que “al clavarse entra el aire y se produce la muerte más fácilmente”. Pese a tratarse de un arma prohibida, los amigos del acusado, que testificaron ayer, aseguraron –ratificando la versión del imputado– que adquirieron varias navajas en un viaje que realizó el acusado junto con otros amigos a su pueblo en Portugal. “Las compramos en un puesto de mercadillo”, señaló uno de los testigos. Respecto a las preguntas acerca de la utilidad de este arma, especificaron que las utilizaban cuando “íbamos al campo a merendar”, varias veces durante el año.