El acusado asestó 7 pinchazos a la víctima, dos de ellos en la yugular

Informes. Los forenses detallan que la hemorragia producida en esa vena es “más lenta, con un grado de supervivencia de 10 a 15 minutos”.
E. G.

La tercera y última sesión del juicio por la muerte de María San Cipriano a manos de Víctor M. G. P., autor confeso de la agresión mortal, comenzó con el testimonio de los forenses encargados de realizar la autopsia a la víctima y de examinar al acusado. Durante su comparecencia señalaron que la víctima presentaba en su cuerpo siete pinchazos –seis de ellos efectuados en el cuello– y uno en la zona lumbar. Especificaron que dos de las lesiones se localizaron en la vena yugular izquierda.

Los forenses encargados de la causa aclararon que si los cortes no hubieran afectado a la yugular “no se hubiera producido la muerte”, al tratarse de lesiones de “poca profundidad”.

Detallaron que el cuello es considerado una “zona vital” y que al haber afectado a la vena yugular la hemorragia es “más lenta, con un grado de supervivencia de 10 a 15 minutos”. Aseguraron que si se hubiera taponado con un dedo la herida, esta acción “hubiera permitido la llegada al hospital, el tratamiento y la supervivencia”.

En cuanto a las heridas, explicaron que se realizaron con “la punta de un arma”, que fueron “pinchazos reiterados” y que “una lesión es continuidad de la otra, no hay espera”. Respecto a la profundidad de los cortes, todos tenían “escasa profundidad”, de manera que las dos heridas de la vena yugular tenían una profundidad de 1,5 centímetros, mientras que “el resto de las lesiones no eran superiores a cinco milímetros”, explicó uno de los forenses, a excepción de la herida que presentaba en la zona lumbar de “dos centímetros”.

Los pinchazos que el imputado efectuó sobre el cuerpo de la víctima fueron realizados de manera “impulsiva”, confirmaron los informes efectuados por los forenses.

La joven presentaba también “desgarros en la camiseta”, lo que implica que “los pinchazos atravesaron esa prenda”. Con esta afirmación, el abogado de la defensa alegó en sus conclusiones que el acusado “no podía saber dónde le estaba pinchando”.

Sin lesiones de defensa
La víctima, María San Cipriano, que en el momento de los hechos tenía 18 años, también presentaba además de los pinchazos una herida en la cara que según los informes forenses pudo producirse “por un golpe al chocar con una superficie”, en el forcejeo. En cuanto a la posición de la víctima en el momento de la agresión, concluyeron que el acusado “estaba encima de la víctima en el suelo”, ya que el cuerpo de María San Cipriano carecía de “lesiones de defensa”. A su parecer, la víctima se encontraba “debajo e inmóvil”.