Dos condenados por hacer partícipe a un menor de escenas sexuales y difundirlas a través del móvil en la localidad salmantina de Golpejas

Agentes de la Guardia Civil durante uno de los registros

Los hechos tuvieron lugar mientras la joven residía en dicho municipio; las imágenes pornográficas llegaron a un círculo muy amplio de personas, no solo de este municipio.

La Audiencia de Salamanca ha condenado a E. S. I. , como autora directamente responsable de un delito de hacer participar a un menor en actividades sexuales, a tres meses y un día de prisión, así como de un delito de descubrimiento y revelación de secretos, a la pena de un año y un día de prisión, apreciando con atenuante muy cualificada la reparación del mal.

 

El Tribunal condena también a M. R. D. como autor directamente responsable de un delito de tenencia de material pornográfico con menores, a la pena de un mes y 15 días de prisión, que se sustituye por tres meses de multa (día/multa de 5 euros) , y de un delito de descubrimiento y revelación de secretos, a la pena de seis meses y un día de prisión y seis meses de multa (a razón de 5 euros día/multa), con la atenuante que se aprecia como muy cualificada de reparación del mal.
 

Tras la retirada de las acusaciones -tanto por parte de la acusación particular como por parte de la Fiscalía- de los hechos relativos a cuando la condenada era menor de 18 años, la conformidad a la que llegaron las partes enfrentadas (conformidad aceptada por el Tribunal al ser conforme a la ley por las penas referidas),  y aplicando los atenuantes de reparación y petición de perdón, los magistrados resuelven optando por la estricta legalidad que ordena la ley, juzgando lo que se acusa.

 

Los hechos de los que se habla tuvieron lugar en la localidad salmantina de Golpejas, cuando la joven, que veraneaba en este municipio y tenía entonces 18 años, obligaba a su prima de ocho a "realizar tocamientos lascivos y sin ropa y posar en fotos desnuda en posiciones impropias para su edad", señala la sentencia.

 

La acusada E. S. I. le envió esas fotos a M. R. D., que las hizo circular entre sus amigos del pueblo y llegaron mucho más allá incluso a difundirse por un círculo más amplio, hasta que se enteró la propia E. S. I., autora de uno de los delitos.