Discurso íntegro de Sor Lucía Caram durante el pregón de Alba de Tormes

Sor Lucía Caram junto al alcalde de Alba de Tormes, Jesús Blázquez. (Foto: David de Jesús)
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Sor Lucía Caram llevó a cabo un discurso lleno de amor hacia Santa Teresa y los albenses. Además, dio las gracias al municipio por ser la invitada para pregonar sus fiestas.

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE ALBA DE TORMES DE 15 OCTUBRE 2016

SOR LUCÍA CARAM

Decía Santa Teresa, que si en medio de las adversidades, persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, eso es amor.

He venido de lejos a celebrar con vosotros vuestra fiesta, y vengo con serenidad, gozo y paz, porque Alba de Tormes y los albenses, se merecen todo mi amor, mi respeto y mi admiración. Se merecen mi agradecimiento por invitarme a compartir y a celebrar su fiesta que es parte importante de su vida y por custodiar la memoria de Teresa, que es un Patrimonio de la Humanidad.

 

 

Me habéis invitado porque vosotros y a mí, como a Teresa, nos mueve el amor por la humanidad, la pasión por la vida, la vida digna y abundante de todos; y porque sabemos, vosotros y yo, que el Dios de la vida que sedujo a Teresa de Jesús y que llenó su vida y que la colmó, es el que nos anima y sostiene también a nosotros.

 

Sólo Dios Basta. Decía y repetía nuestra Santa. Esta fue su gran intuición y experiencia, y este es hoy su mensaje y su legado, en un tiempo en el que no siempre lo tenemos fácil para vivir en paz y armonía. ¡Cuántas veces hemos repetido con Teresa, en momentos en los que el miedo, la incertidumbre y la inestabilidad nos visitaban:

Nada te turbe, nada te espante

Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza

Sólo Dios Basta

 

Teresa descubrió que Dios que es la vida, y la vida de todos los hombres y mujeres. Que Dios es fuerza y compromiso que inquieta y moviliza, que sacia y que a la vez es insaciable, porque siempre clama y reclama más y más: más compromiso, más implicación, más justicia, más dar la vida que recibimos de Dios, pero a todos. Darnos más a los otros. Darlo todo sin retener nada.

 

 

En esta magnífica noche, en esta entrañable Ciudad Salmantina, quiero compartir vuestra fiesta y vuestra vida, quiero que juntos celebremos y demos gracias. Y por qué no, compartamos, al calor y al abrigo de la “Santa”, algunos retos, algún sueño, mientras evocamos su figura, y recordamos su historia, y respiramos su legado.

 

Teresa de Jesús. Teresa de Ahumada, Teresa de Alba de Tormes, la nuestra, la vuestra. Ella entregó en esta bendita tierra su alma, luego de haberla entregado a lo largo de toda su vida, por los caminos, a los nobles, sacerdotes, amigos, a sus monjas, a los jerarcas, a la humanidad.

 

Muchos se preguntaron en estos días qué une a esta monja venida de allende los mares y ahora desde Manresa a la Santa, para ser digna de un pregón.

 

Lo primero que tengo que decir es que Teresa es de todos, y que difícilmente en la tradición cristiana haya gente que no haya recibido su influencia y ayuda, y también su fuerza y su inspiración para romper moldes y Abrir caminos.

 

 

Ella es una gigante de la espiritualidad y de la mística, que ha marcado la vivencia cristiana y la vida de oración de generaciones de contemplativos y contemplativas a lo largo y ancho del mundo. Por tanto ella está vinculada a todos los que asistimos a su escuela de oración, auscultando sus deseos de Dios, su amor a la Iglesia y a la Humanidad. Los aprendices de oración, entendimos que oración era “hablar de amistad con quien sabemos que nos ama”, y no grandes elucubraciones. Si amigos, Teresa, en una sociedad que algunos dicen ha olvidado a Dios, nos recuerda que siempre hay alguien que nos ama y nos sostiene, y seguramente ahí reside la grandeza de su mensaje y de su vida. Que lo descubrió y se dejó transformar porque quien es bien, verdad, amor, justicia, bondad. Ella nos enseñó que cuando los tiempos aprietan, basta con seguir el impulso del corazón, elevar una sencilla mirada al cielo, dar un grito de agradecimiento y de amor, en la penas y en las alegrías. Y que ello reconforta el alma y la vida.

 

Teresa es un referente para la literatura, porque ella hizo de su experiencia, un auténtico poema, y pudo plasmar, lo inefable, lo que no se puede describir, porque lo supera todo de forma inigualable.

 

Como ella, como Teresa, que decía que la humildad es andar en la verdad, confieso que hoy me siento muy pequeña y también muy privilegiada. No tengo méritos suficientes para glosar su legado, pero sí amor comprometido para no faltar a esta cita.

 

Y por eso, como mujer, como monja, como contemplativa, como enamorada de la humanidad y seducida por Dios, al igual que Teresa, me atrevo a balbucear su mensaje que hoy también tiene vigencia.

 

Teresa de Ahumada era una monja de clausura, pero nadie, a pesar de que lo intentaron, la clausuró. Era una andariega, y su alma inquieta, la llevó a ir por los caminos, fundando conventos y clamando por una vida auténtica y por una gran reforma de vida y costumbres. Amando a todos, de todos era amada y a veces temida por su verdad y rectitud.

 

Una mujer que tuvo su tiempo de mundanidad y vida acomodada, pero que ante la imagen de un Cristo sufriente, comprendió que ese hombre desgarrado que lo dio todo, es el que hoy vive y pervive en el dolor y desgarro de tantos y tantos hermanos que viven y mueren y que padecen diversas y nuevas formas de crucifixión, exclusión, abandono.

 

Cuántas veces giramos la cara ante el dolor humano, ante el temor y la impotencia. Ella lo miró fijamente, le plantó cara y se dejó traspasar el alma y el corazón por el amor.

 

Y desde entonces ella fue toda de Dios y toda para la humanidad. Porque no se puede vivir buscando a Dios y toda la humanidad. Porque no se puede vivir buscando a Dios y pasando de la historia que nos rodea.

 

Teresa fundó Conventos, “palomares” que dicen en la tradición carmelitana, y desde la paz que buscó y encontró, echó a volar y entendió que el mundo clama y reclama esa paz, y que esta nace solamente del corazón reconciliado, pacificado, comprometido.

 

Osada, inquieta, sedienta de sentido y de verdad, en el silencio de su corazón, en Dios, en el vaciamiento del egoísmo encontró la repuesta y las fuerzas necesarias para emprender, primero su conversión y después la gran reforma que reclamaba el Carmelo, y que iluminó a la sociedad.

 

 

Hoy el mundo clama y reclama una gran reforma. Hoy la Iglesia y nuestra Sociedad necesita de forma urgente una gran reforma, y esta será una realidad, no desde la charlatanería ni de las palabras vacías y menos desde la tristeza y el desánimo, “tristeza y melancolía nos las quiero en casa mía”. Sino desde el amor inquieto que no teme romper con lo de siempre por lo que toca y corresponde, desde la paz y el respeto, pero desde la contundencia y la verdad.

 

“No podemos hacer grandes cosas, pero sí pequeñas cosas con un gran amor”. Este es el secreto de su reforma, y tal vez de la que nos toca hoy. Será la única forma de humanizar nuestra humanidad y de hacer este mundo más digno y habitable.

 

Teresa no lo tuvo fácil, pero su experiencia fue tan fuerte y tan real, tan humana, que más que la inquisición se alzara implacable sobre ella, no dudó en seguir adelante y acometer una gran reforma.

 

Ella tenía que obedecer a Dios y no los ahombres y por eso cedió sin ahorrar fatigas, se sentía pequeña pero como lo tenía claro “las cosas debían cambiar” tomó la determinada determinación y se convirtió en una mujer implacable, inquieta e inquietante: políticamente incorrecta, entrañablemente humana.

 

Nosotros tampoco lo tenemos fácil. Nuestros tiempos también son convulsos y exigen una gran reforma, y aquí tampoco valen las excusas.

 

Hoy también hay un estilo de vida que debe cambiar. Hoy es intolerable que se haya globalizado la indiferencia y que nos resignemos mirando para otra parte cuando los problemas apremian a tantos hombres y mujeres.

 

Teresa fundó conventos y no temió la dureza de los caminos para recorrerlos y dejar estelas de esperanza y sentencias movilizadoras, despertando conciencias acomodadas y dormidas.

 

Hoy herederos del fuego que devoraba sus entrañas no podemos quedar impasibles viendo pasar la historia, el amor es creativo y toca cambiar el mundo cambiando propio corazón

 

Toca fundar proyectos y espacios en los que la dignidad de las personas no sea negociable. Toca movilizarse ante el dolor y el sufrimiento que hoy desfigura el rostro de tantos hermanos: refugiados, sin papeles, sin trabajo, sin derechos, sin dignidad. Esos rostros del crucificado son imagen de aquel Ecce Homo que conmovió la vida de Teresa.

 

Amigos: La fe, la experiencia de Dios nos remite siempre al corazón de nuestra historia y a la historia de nuestros contemporáneos.

 

Dejemos que en la experiencia cotidiana, en medio de los pucheros, nos hable y nos mueva AQUEL que llevó a Teresa a arder en pasión por la humanidad.

 

Recordad: “Si nos dejamos dominar por el temor nunca haremos nada”

 

Pero no lo olvidéis el único camino que conduce a la paz, a la fraternidad, a la vida digna plena y feliz, es el que recorremos cada día, codo a codo, compromiso a compromiso, con todo los hombres y mujeres de buena voluntad (que a veces piensan diferente), que creen que es posible otro mundo, y que están dispuestos a dejarse la piel y la vida para que sea una realidad.

 

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