Diabetes, depresión y enfermedades del corazón, consecuencias a largo plazo de la Segunda Guerra Mundial

Un nuevo análisis sobre las consecuencias de larga duración que la Segunda Guerra Mundial tuvo sobre los europeos continentales encuentra que vivir en un país que fue devastado por la guerra aumenta la probabilidad de una serie de problemas físicos y mentales en el futuro. 

En concreto, haber experimentado la guerra está asociado con más probabilidad de padecer diabetes, depresión y enfermedades del corazón en los adultos mayores.


Debido a que muchos hombres murieron durante el conflicto, la guerra también redujo la probabilidad de que las mujeres se casaran y dejó a muchos niños sin padre, un factor clave en los niveles de educación inferiores de los que vivieron la guerra, según esta investigación, que se publicará en la edición de marzo de 'Review of Economics and Statistics' y que ha sido realizada por un grupo de economistas que examinaron información detallada de personas mayores encuestadas en 12 países europeos sobre sus experiencias durante la guerra, así como su situación económica y de salud más adelante en la vida.

"Mientras que un evento de la magnitud de la Segunda Guerra Mundial afectó a todas las clases sociales en Europa, nuestra evidencia sugiere que los efectos más graves de las últimas décadas se encontraban en la clase media" , señala James P. Smith, uno de los autores del estudio y presidente en el Departamento de Estudios Demográficos y de Mercado de RAND Corporation, una organización de investigación sin ánimo de lucro.

Aunque se ha prestado mucha atención al estudio de las batallas de la guerra, se ha dedicado menos esfuerzo a analizar cómo un conflicto de esta magnitud afecta a los civiles décadas después de la contienda. El estudio, realizado por investigadores de Estados Unidos y Alemania, examina cómo la guerra puede influir en la vida de los sobrevivientes décadas después de que termine.

La Segunda Guerra Mundial fue uno de los eventos de transformación del siglo XX, causando la muerte del 3 por ciento de la población mundial, con 39 millones de muertes en Europa, la mitad civiles. Seis años de batallas terrestres y bombardeos provocaron la destrucción generalizada de viviendas y el capital físico.

La discriminación y la persecución fueron generalizadas, con el Holocausto como el ejemplo más espantoso. Muchas personas se vieron obligadas a renunciar o abandonar sus propiedades y los períodos de hambre fueron muy comunes, incluso en la relativamente próspera Europa occidental. Las familias fueron separadas durante largos periodos de tiempo y muchos niños perdieron a sus padres, además de ser testigos de los horrores de la batalla.

El nuevo estudio investiga los efectos a largo plazo de la guerra en la salud, la educación, el nivel económico y el matrimonio entre personas que viven en la Europa occidental continental. Los científicos analizaron la información recogida de la 'Encuesta Europea de Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa' (SHARE, en sus siglas en inglés), que se realizó en 2008.

La encuesta proporciona datos de una muestra representativa de 20.000 personas de 50 años y más de 13 países, entre ellos Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Países Bajos, Polonia, Suecia y Suiza.

Los autores examinaron los hechos relacionados con la guerra más destacados, como la exposición a periodos de hambre, la persecución y la pérdida de propiedades, como la casa. Se contrastaron las experiencias de los encuestados que experimentaron la guerra y los que no, y entre regiones dentro de países en los que se centraba la lucha y otras donde no había mucha actividad militar.

El estudio encontró que los que viven en un país que fue devastado durante la Segunda Guerra Mundial tenían peor salud más adelante en la vida. Los encuestados que experimentaron la guerra registraban tres puntos porcentuales más de probabilidades de padecer diabetes que los adultos y eran 5,8 puntos más propensos a tener depresión. Además, tenían menores niveles de educación y les llevó más tiempo adquirir esa educación, tenían menos probabilidades de casarse y estaban menos satisfechos con sus vidas cuando fueron adultos mayores.

"Lo que parece ser esencial en el largo plazo en términos de crecimiento económico no es si los países estaban en el lado ganador o perdedor de la guerra, sino si pudieron eventualmente hacer la transición hacia la democracia y economías de mercado abierto", dijo Smith.

Las personas eran más propensas a tener problemas de salud y riqueza más bajas en edades más avanzadas si pertenecían a familias de clases económicas media y más bajas durante la guerra, con la asociación más fuerte entre los que pertenecían a la clase media.

Mientras que los encuestados de las regiones con mayor acción de combate mostraban efectos adversos a largo plazo, no eran mucho más fuertes que los participantes en el estudio que experimentaron la guerra pero no directamente la acción de combate en su región.

En cambio, una mala salud mental y física en el futuro parece estar vinculada a una baja educación, cambios en las relaciones de género causadas por los altos índices de muerte entre los hombres, hambre en tiempos de guerra y estrés a largo plazo, lo que conduce a depresión adulta y tasas de matrimonio más bajas.

La única excepción notable es la depresión, que es significativamente mayor en los encuestados que vivían en regiones con una fuerte acción de combate. "La guerra presenta muchas consecuencias notables pero también tiene un peaje en la salud y el bienestar de los sobrevivientes en el transcurso de sus vidas", destaca Iris Kesternich, de la Universidad de Munich, en Alemania.

"Es importante que busquemos este tipo de información de los sobrevivientes de la guerra para que podamos entender mejor este sufrimiento a largo plazo", añade su colega Bettina Siflinger. "Al mirar sólo los costos de la guerra durante la contienda o inmediatamente después, se subestiman significativamente los costos completos de la guerra", concluye Smith .