Depresión profunda

El Salamanca se hunde un poco más tras sumar su sexta derrota consecutiva, esta vez dominado por un jovencísimo Barcelona B, con talento y calidad a raudales que no desaprovechó la oportunidad cuando el Salamanca le entregó el campo y el balón. Esa no parecía la idea inicial pero el tanto con el que abrió el marcador el equipo blanquinegro fue como un analgésico que actuó en contra.
Teresa Sánchez

Si el planteamiento inicial del Barça no sorprendió porque se plantó con la misma idea de siempre sobre campo, el Salamanca presentó un once con unas novedades que le daban un aire más ofensivo o, al menos, con más capacidad para tener el balón. Con Yuste recuperado y Bedia a su lado, Cano adelantó a Mario y apostó por la capacidad de desborde de Toti y Perico. La idea era discutirle de inicio la posesión de balón a su rival y el equipo lo consiguió en unos minutos iniciales de toma y daca pero en los que los unionistas llegaban con más peligro al área de su contrincante.

Con el dominio del esférico conseguía retrasar las líneas del Barcelona y a los ocho minutos, en un saque de esquina tuvo su primeras ocasión. Cabeceó Yuste al larguero. La acción disparó los biorritmos de los charros y en la siguiente jugada, tras una falta en el lateral el área visitante, llegó el tanto. Zamora templó un centro hacia la entrada de Yuste desde la frontal y, con todo a favor cabeceó a la portería. En apenas diez minutos la UDS conseguía ponerse por delante y ofrecía buenas sensaciones pero cometió el inmenso error de no mantener el camino iniciado.

Como si con el gol en su casillero y la posibilidad de salir a la contra se conformara con 80 minutos por delante, el equipo salmantino se echó descaradamente atrás y el Barcelona B no es equipo que desaproveche esa situación. Poco a poco Biel emergió como la única figura capaz de salvar la situación para los charros pero el acoso y derribo sobre el portero unionista era tremendo y en algún momento le iba a ser imposible seguir haciendo milagros. Nolito, Soriano y Montoya toparon con él hasta que pasada la media hora Sergi Roberto se hizo en su campo con uno de los numerosos balones regalados por la UDS, progresó haciendo gala de una explosividad tremenda, y se plantó en la frontal para soltar un zapatazo ante el que nada pudo hacer el portero local.

El tanto no calmó las ansias de los jóvenes jugadores culés y, por el contrario, aumentó las dudas y carencias de los unionistas que seguían cerrados atrás, sin más recursos que soltar un patadón cada vez que recuperaban el balón para alejarlo de la su portería. Sólo cuando moría esa primera mitad cruzó el equipo local la medular, aunque con el único bagaje de un disparo fuera de Perico. Demasiado poco y menos mal que la cosa quedó ahí.

No se enrocó Cano en su apuesta inicial y a la vuelta de vestuarios devolvió al once a Sarmiento y a Kike cuya presión sobre la salida del balón frenó el empuje de un Barcelona que, aunque no salió tan fácil, se mostraba tranquilo moviendo el balón y buscando sus opciones. Entre medias el Salamanca al menos llegaba más al área pero sin la profundidad ni la calidad de su contrincante que encontró su segundo tanto por mediación de Rafinha, que a sus 17 años dejó detalles de crack. Un jarro de agua fría y tres minutos después llegó el tercero, de Jonathan Soriano, que parecía la sentencia. Pero hubo más emoción porque Sarmiento marcó gran tanto desde la frontal que dejaba a su equipo a las puertas de conseguir al menos un punto. No pudo ser porque los jóvenes del Barcelona tienen ya el oficio suficiente y la tranquilidad como para no variar su discurso sea cual sea la circunstancia y, aunque la UDS se acercó, no hizo daño. La depresión empieza a asustar.