De ruta por el corazón de Las Arribes

Unos 150 senderistas participan en la séptima marcha que discurrió por la zona de la playa del Rostro
MIGUEL CORRAL


Tras recibir como obsequio una pequeña mochila, la salida se dio puntual conforme el programa previsto por los organizadores, y a las 10.30 horas la columna de senderistas partía en dirección a El Palacio para afrontar los más de siete kilómetros de recorrido que tendrían por delante.

En esta ocasión, la organización tomaba como punto de llegada uno de los parajes más conocidos y bellos de lo que podría denominarse el corazón de Las Arribes salmantinas. La zona del Rostro, con playa incluida, era el lugar de destino de los senderistas y por donde discurriría buena parte de la ruta.

Una vez adentrados en Santa Marina, tras una primera etapa sin más complicaciones que algún repecho, el Duero se dejaba intuir en el hondo tajo sobre las rocas, ya adornadas por el manto púrpura de los tomillos y la albura de las escobas en flor. Desde allí, el gran río apenas si demuestra a los ojos la grandeza del paisaje en el que se sumerge, pues es necesario aproximarse a su orilla para darse cuenta de lo insignificante que resulta el hombre ante esta obra de la naturaleza.

Después de unos cuantos metros de asfalto por el camino que conduce al pantalán de donde parten las excursiones en barco, los caminantes retomaban de nuevo los senderos de tierra para adentrarse en La Senara y en la revuelta del río donde comienza El Rostro. Desde allí, más cerca del cauce, se divisa Portugal con Ventozelo al fondo y un paisaje salpicado de almendrales, ahora perdidos entre el monte, pues sólo unos cuantos olivares –que aparecen junto al camino– se convierten en testigos de excepción de la presencia del hombre por estos declives.

Llegados a la playa del Rostro, el sol apretaba y los participantes agradecían el refrigerio de agua antes de subir al autobús que les transportaría hasta el merendero del Llano de la Bodega. Allí, los asados de carne y otras viandas ponían el colofón a esta enriquecedora marcha para quienes desconocían esta parte de Las Arribes, una de las más agrestes y bellas de cuantas posee.