De los mini ordenadores a la FP o al fracaso escolar

 
Menos mal que el consejero de Educación, Juan José Mateos, dejó ayer bien claro que la incorporación de los mini ordenadores en las aulas “no es la panacea” de la enseñanza sino una buena herramienta de trabajo. Hay que darle la razón y confiar en que sus esfuerzos irán dirigidos a mejorar la calidad y a luchar contra el fracaso escolar en vez de empeñarse en construir castillos en el aire con anuncios electoralistas sobre la importancia de las nuevas tecnologías. Es verdad que un portátil bien utilizado mejora notablemente las posibilidades de comunicación y de aprendizaje, que la educación no puede dar la espalda a las posibilidades tecnológicas y que alumnos y profesores deben estar al día en este campo, pero sería absurdo realizar grandes esfuerzos presupuestarios en medios materiales cuando los problemas conceptuales están abriendo grietas importantes en el sistema educativo. Por no hablar de centros perfectamente dotados con ordenadores pero con serias dificultades de conexión a la red. Según está el país y teniendo en cuenta las cifras de fracaso escolar que venimos arrastrando durante años, lo prudente pasa por realizar un diagnóstico profundo de nuestro sistema educativo y atacar con todas las armas posibles las principales deficiencias: el devaluado papel del profesor, la desmotivación de los alumnos, la discriminación de la lengua y la cultura españolas, y las carencias de una Formación Profesional de calidad.