De cruce de caminos a parada obligada

El comercio de productos en el mercadillo ‘La Cuenta’ llegó en diciembre pasado a sus cinco años de existencia
MIGUEL CORRAL

Después de cinco años desde que comenzron a instalarse los primeros puestos ambulantes, el mercadillo portugués de Trabanca ha despejado cualquier duda ante quienes predecían que iba a ser cosa de tres domingos.

En todo este tiempo, el mercadillo La Cuenta se ha ido afianzando entre comerciantes y público teniendo en su agenda una cita ineludible cada primer domingo de mes. Ni la lluvia, que como ayer arreciaba contra los instalaches de los ambulantes, ni el tórrido sol del verano, han impedido que año tras año y mes a mes, La Cuenta fuera creciendo hasta ser un referente comercial para miles de ciudadanos españoles y portugueses de la Raya.

Ante todo esto, no es para menos que sus organizadores saquen pecho, y ya muchos se preguntan dónde está el techo de este mercadillo, especialmente los comerciantes, acuciados por la crisis y que ven cómo cada mes que pasa un nuevo puesto usurpa su territorio.

Entre tanto, a río revuelto ganancia de pescadores, y es el consumidor el que se lleva el pez al monedero en forma de algún que otro euro, aunque los que realmente deben sentirse contentos son los vecinos de Trabanca, especialmente cuando observan que un pequeño pueblo de poco más de 250 habitantes se colapsa como si fuera la M-30 en un puente festivo.

Pero todo no va a ser positivo, siempre tras algo bueno aparece una parte desagradable, y el mercadillo la tiene con miles de bolsas que tapizan de blanco las calles trabanquinas, amén de la tranquilidad rota de sus vecinos por unas horas, aunque visto lo visto, el esfuerzo bien merece la pena, pues cuántos estarían deseando recoger bolsas dos días con tal de ver en su pueblo un atisbo de vida.

Y es que, de unos años a esta parte, Trabanca ha pasado de ser un cruce de caminos a parada obligada, y de ello tienen culpa iniciativas como ésta, demostrando que con un poco de imaginación, trabajo y tesón, todo es posible, aunque haya que partir de la nada.

Como casi todo en este pueblo, el mercadillo portugués comenzó de forma humilde, con poco más de cuarenta comerciantes y un horario bastante reducido. Pero al medio año de vida, La Cuenta ya contaba con el doble de puestos ambulantes que obligaban a sus organizadores a ampliar el horario inicial.

De ahí que no todo el éxito deba achacársele a quien tuvo la idea, pues en buena medida se debe también al compromiso adquirido por los comerciantes, los mismos que ahora piden un poco de freno a tanta competencia, porque de lo contrario “en un año se acaba el mercadillo”, como asegura Cesare Ferreira, ambulante llegado desde Moncorvo y que se dedica a la venta de calzado. “Esto va a peor, no a mejor, porque cada vez somos más y se nota la crisis, aunque más en Portugal, pero aquí había que limitar los puestos por sectores”, asegura este ambulante que recorre los mercadillos de Mogadouro y Freixo.

Mayor crisis en Portugal
En esta misma opinión coincide Pedro Ferreira, ambulante de Freixo y que se dedica a la venta de bacalao y raya seca, además de quesos. “La cosa está un poco peor, el mercadillo no es muy grande y cada vez somos más, y eso se nota”, aunque después de pasar por los mercadillos de Torre de Moncorvo, Mogadouro y Vila Nova de Foz Coa, reconoce que Trabanca, “aunque es un pueblo pequeño viene bastante gente”.

Otro de los primeros comerciantes en llegar al municipio y que no ha faltado un solo primer domingo de mes, es Carlos Morais, de Macedo de Cavaleiros. Dedicado a la venta de ropa interior, uno de los productos de mayor aceptación junto con los anteriores, acude a este mercadillo “desde el principio y siempre ha sido bueno, la gente compra aunque se nota la crisis, pero hay más en Portugal. Antes éramos menos y ahora la gente se reparte, pero lo importante es que acaben de arreglar las calles”, manifestación ésta última con la que el ambulante hace referencia a las obras que lleva a cabo el Ayuntamiento y que perjudica el acceso a este puesto.

Pero no sería justo olvidar otra de las razones del éxito de este mercadillo, y que no es otra que la tradición comercial que siempre hubo entre los habitantes de La Raya y que hace que pocos se resistan a visitar sus puestos de queso, bacalao en salazón o cuchillos; o que muchas amas de casa puedan comparar en precio toallas, sábanas o cuberterías.