Cuando el 'cole' es un pijama y una cama

Los más pequeños reciben sus clases en el aula del Hospital Clínico

Cientos de niños van al colegio en pijama, pero esto no es un impedimento para no faltar ni un solo día a las clases de matemáticas o lengua que se imparten en el Hospital Clínico de Salamanca.

Son las nueve de la mañana y Rosa Sancho y Raquel Blanco, las profesoras del colegio del Hospital Clínico de Salamanca ya esperan impacientes a sus alumnos. No parece un hospital, pero lo es. Cobijadas entre paredes y columnas decoradas con dibujos y colores, médicos, enfermeros y pacientes empiezan a combatir el cáncer infantil. "Nunca sabemos que niños van a venir o no, depende de como se encuentren y del tratamiento que tengan que llevar debido a su enfermedad", explican, por lo que preparar las clases para ambas no es ninguna tarea fácil.

 

Rosa Sancho y Raquel Blanco, profesoras en el colegio. (Foto: T. Navarro)

 

No necesitan mochila, tampoco llevan uniforme, tan solo un ligero pijama, un gotero y en algunos casos un pañuelo que cubre su cabeza. Su pupitre puede variar de la cama al aula, pero "ninguno de ellos deja de sonreír, son muy agradecidos y se interesan mucho por realizar las tareas y compartir confidencias con sus compañeros". Aquí pueden asistir niños de 3 a 14 años que estén ingresados en planta, UCI, Hospital de Día y los que reciben o han recibido ya un transplante medular.

 

Cada año pasan en Salamanca una media de 800 niños por la denominada aula hospitalaria. "El objetivo no es entretener al niño, sino normalizar en la medida de lo posible su vida y darles la oportunidad de que no pierdan el curso porque muchos de ellos pasan aquí temporadas muy largas, de meses o años, algunos de manera permanente y otros de forma intermitente", apunta Rosa, profesora del centro desde hace ya 8 años.

 

CONTACTO ENTRE DOCENTES

 

Como hasta este hospital llegan niños de toda Castilla y León (Zamora, Valladolid, León e incluso Burgos), las profesoras del Clínico se ponen en contacto con los docentes del centro del que proviene cada niño para conocer las peculiaridades educativas del colegio en particular. "Intentamos ajustarnos a lo que dan en su clase para que no pierdan y después puedan ser evaluados como el resto de sus compañeros", explica Raquel Blanco.

 

Al aula acuden juntos una media de ocho niños de todas las edades. A veces se ven obligados a salir de clase porque las enfermeras van a buscarles para realizarles alguna prueba. Sus libros quedan abiertos sobre la mesa porque al poco tiempo retoman su tarea.

 

Esta profesora añade que además de enseñarles una asignatura, "nuestra función es motivarles, ayudarles a descubrir sus propias emociones y que las exterioricen".

 

Una de las zonas del aula (Foto: T. Navarro)

 

DIVERSIÓN ASEGURADA

 

Como no todo puede estar relacionado con las clases, los más pequeños también tienen sus momentos de recreo. Bien para asistir alguna fiesta, como la de Carnaval o Navidad, o para divertirse al ritmo de la compañía teatral 'Abra Cadabra' y de numerosos voluntarios que se acercan hasta el hospital para realizar actividades de lectura entre otras... Porque hay magias que todavía hacen sonreír a un niño enfermo.