Con el nuevo decreto aprobado por la Junta, el Toro de la Vega se convertiría en un encierro

El Toro de Vega en el torneo del año 2014. BORIS GARCÍA

El astado no puede morir en público aunque sí que podrá soltarse, si el Ayuntamiento quiere, a modo de encierro, suelta o probadilla. Luego acabará en el matadero.

La polémica está servida. La decisión de la Junta de Castilla y León de modificar el Reglamento de Espectáculos Taurinos para eliminar el resquicio legal que tenía el Toro de la Vega para morir en público, va a levantar a ampollas en un amplio sector de la localidad Tordesillas, que llevaban a gala esta tradición ancestral de alancear un toro de lidia en el segundo martes del mes de septiembre.

 

Con la modificación del reglamento, la norma es clara: ningún toro de lidia podrá morir en un espectáculo público, al menos delante de espectadores, porque como es sabido el toro no volverá ya a la dehesa. Una vez que el espectáculo haya concluido el animal tendrá muerte en un matadero.

 

La Junta de Castilla y León ha cedido a las presiones de los grupos ecologistas y a otros movimientos que en los últimos años ha pedido la abolición de este torneo por considerarlo “brutal y anacrónico”. Bajo estas premisas, lo que antes era la lucha de un animal contra el hombre armado con una lanza ahora simplemente se convertirá en un mero encierro, si es que el Ayuntamiento decide continuar con el festejo en las condiciones que la Ley permite.

 

De esta manera, el ‘nuevo’ espectáculo del Toro de la Vega se regirá por la misma normativa que encierros, capeas, probadillas. La pregunta es ¿cómo sería ese encierro? ¿Dónde finalizaría? ¿Con un dardo sedante y con el toro en el matadero? La polémica está servida, aún más que antes, si cabe.