Cómo saber que lo que tienes son contracciones

Mujer embarazada (Foto: E. P.)

Uno de los momentos más esperados para las mujeres embarazadas es la aparición de las contracciones ya que avisan del más o menos inminente nacimiento del bebé, aunque una de las preocupaciones de las madres primerizas es si sabrán distinguirlas de una contracción del utero. 

El ginecólogo y obstetra Miquel Àngel Jiménez Ortuño recuerda que el útero está en constante movimiento durante todo el embarazo, pero no se hace muy notable hasta el cuarto o quinto mes de gestación, y más claramente a partir del sexto mes.

 

Por un lado, explica este experto, existen un tipo de contracciones llamadas focales, pues es un área determinada del útero la que se mueve, en la mayoría de los casos producida por el movimiento del feto. También las hay que están generalizadas, pues aunque comienzan en un punto se expanden por todo el útero.

 

Estás contracciones pueden ser provocadas por movimientos del feto, por problemas de congestión abdominal, gases, tener la vejiga llena o al cambiar de posición, como puede ser levantarse de la cama. Son inofensivas e indoloras y, en muchos casos, son también una ayuda para el desarrollo de la relación madre-hijo.

 

También hay otro tipo de contracciones inofensivas conocidas como contracciones de Braxton Hicks, que son realmente las del entrenamiento del útero. No aparecen por ningún otro motivo que el de preparar el útero para el parto, normalmente tienen lugar sobre el quinto mes de gestación y se distinguen del resto porque se van extendiendo desde el fondo del útero hasta la vagina.

 

Duran entre medio y un minuto y no son especialmente dolorosas aunque se siente perfectamente la tensión abdominal, y es indicativo de que el útero está funcionando correctamente.

 

Y por último están las contracciones de parto y, pese a que muchas primerizas temen no reconocerlas, tienen unas características que las hacen diferenciarse de las anteriores, ya que son regulares, rítmicas y duelen por la falta de sangre.

 

Cuando el útero se contrae se cierra con fuerza expulsando la sangre que está en sus fibras musculares como si fueran exprimidas. Y la falta de sangre provoca falta de oxígeno en el músculo y eso produce dolor. Al terminar la contracción el músculo se expande, volviendo así la sangre y con ella el oxígeno, entonces se calma el dolor.

 

Las contracciones de parto suelen comenzar en la espalda, a la altura de los riñones, y luego avanzan hasta el bajo abdomen. Cada vez se van tornando más intensas y el ritmo va aumentando. Por ello, explica este experto, si además se nota que el dolor no cesa ni al cambiar de postura ni al caminar, es mejor no pensárselo y acudir a un centro médico.

 

En cuanto a las diferentes etapas que tiene ese momento, Jiménez Ortuño recuerda que, cuando las contracciones comienzan a aumentar de ritmo e intensidad, el cuello del útero comienza a dilatarse y contraerse en intervalos que van de cinco a veinte minutos.

 

FASES

 

Algunas embarazadas no se dan cuenta de que han empezado el parto debido a la poca regularidad o molestias que sienten, pero la mayoría suelen acudir al hospital en esta etapa, sobre todo si coincide con la fecha programada para el alumbramiento. Allí se realizarán los exámenes pélvicos valorando la dilatación del cuello del útero. Esta etapa también es la de mayor duración.

 

La segunda etapa es en la que las contracciones se tornan más intensas, prolongadas y suelen ocurrir cada tres o cuatro minutos. Es mucho más activa y el cuello del útero alcanza una dilatación de cuatro a siete centímetros.

 

La tercera etapa es la conocida como etapa de transición. Aquí es cuando las contracciones son más intensas, duran entre sesenta y noventa segundos, apareciendo cada pocos minutos y es cuando el cuello del útero alcanza su máxima dilatación llegando a expandirse de ocho a diez centímetros, proporcionando así las condiciones necesarias para que la embarazada comienza a empujar.

 

CÓMO CALMAR EL DOLOR 

 

Hay algunas acciones y posiciones que reducen las molestias que causan las contrataciones, por ejemplo caminar, sentarse en una silla, ponerse de rodillas sobre un cojín o inclinarse sobre la cama.

 

Este experto también recuerda que, si se apoya la espalda en la pared con las piernas flexionadas y abiertas, se reduce la tensión y la sobrecarga de la espalda. Otra opción es tumbarse en el suelo y poner los pies en la pared como si se estuviera caminando para mejorar la circulación de las piernas. O poner las piernas abiertas y apoyarlas en el borde de un sofá.

 

Para aliviar el dolor de los riñones, Jiménez Ortuño aconseja poner los pies con las piernas separadas y las rodillas un poco flexionadas, andando de vez en cuando para colaborar en la colocación del bebé. Otra postura que ayuda al bebé es ponerse de rodillas en el suelo con la espalda arqueada y apoyándose cómodamente mientras se respira despacio. O sentarse con el respaldo de la silla frente a una misma, reposando la cabeza sobre él para que se relaje la espalda.