¿Cómo nos afectan los pensamientos negativos?

Cuando pensamos que podemos correr peligro, que nos van a suceder cosas desagradables, generamos angustia, son pensamientos negativos que están asociados a emociones negativas.

Los pensamientos negativos tienen un papel clave porque los pensamientos son representaciones que hacemos de la realidad. La lectura de la realidad da lugar a estados emocionales y un enfoque distorsionado de ella derivado de pensamientos negativos origina emociones que se perpetúan en el tiempo y que pueden conducir a la depresión.

 

Según explica a Infosalus Fernando L. Vázquez, coautor de 'Deja atrás la depresión y alcanza la felicidad' (Pirámide, 2016), tenemos la idea de que los pensamientos de angustia y los depresivos obedecen a una situación concreta, un problema o confrontación pero la clave sobre su importancia está en cómo los pensamientos elaborados de esas situaciones crean emociones y estados emocionales que se activan a veces fuera de nuestro control, de forma automática.

 

Aspectos como la frecuencia y la duración de estos pensamientos negativos son claves ya que si estás bien, los pensamientos negativos son puntuales. "Lo más importante es ser consciente de que el pensamiento está detrás de un estado de ánimo e identificarlo". Cuando pensamos que podemos correr peligro, que nos van a suceder cosas desagradables, generamos angustia, son pensamientos negativos que están asociados a emociones negativas.

 

Según señala Vázquez, si estamos constantemente elaborando pensamientos negativos nos encontramos en un estado depresivo. Se trata entonces de pensamientos que distorsionan la realidad y que son más irracionales que los positivos. Es el concepto de rumiar pensamientos del tipo 'Soy un inútil', 'No valgo para nada', constantemente, una y otra vez.

 

¿SOY UNA PERSONA NEGATIVA O PADEZCO UNA DEPRESIÓN?

 

En términos clínicos cuando existen muchos pensamientos negativos se trata de una tendencia al pesimismo con distimia pero no de una depresión clínica, que implica un impacto tal que la persona no puede continuar con su vida.

 

"Para que haya un cuadro depresivo además de los pensamientos negativos también deben existir problemas en las relaciones con los demás, ya que éstas son algo así como unas 'vitaminas emocionales' que generan estados emocionales positivos (dar paseos, ir al cine, hablar con un amigo, etc.). La diferencia va más allá de los pensamientos negativos, los pesimistas tienen pensamientos negativos menos intensos que en la depresión", comenta el autor, que junto a Ángela Torres, Manuel Arrojo y Patricia Otero (coordinadora de la obra) presentan al lector una guía práctica extraída de años de trabajo clínico.

 

HERRAMIENTAS FRENTE A LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS

 

Entender el pensamiento y su papel corresponde a los profesionales de la salud mental que interpretan cómo influye, la relación entre las emociones y cómo se trata de un círculo vicioso que se retroalimenta.

 

Trabajar los pensamientos negativos por grupos es más fácil ya que se pueden establecer ciertas categorías. Están los extremistas, del todo o nada; la sobregeneralización: cuando pasa algo malo pensamos que volverá a suceder en el futuro; la abstracción de lo negativo: nos centramos en el detalle negativo sin tenerlo en cuenta en el conjunto; las inferencias arbitrarias: sacamos consecuencias apresuradas, es lo que se conoce como 'lector del pensamiento', 'error del adivino' (todo nos saldrá mal); la magnificación (ver solo lo malo y amplificarlo); o la minimización (no dar valor suficiente a lo bueno).

 

UN CAMBIO DE ACTITUD POSIBLE

 

Al ser consciente de estos pensamientos, la idea es ir al proceso de cambio, que sería una segunda fase, dentro de la que el profesional destaca cuatro estrategias:

 

1. Aprender a analizar estos pensamientos de forma objetiva: como automáticos se consideran veraces por ello hay que someterlos a la prueba de la veracidad mediante procedimientos como buscar hechos que confirmen ese pensamiento, su corrección o no, y tomar así una perspectiva diferente.

 

2. Aplicar un enfoque directo: antes de aceptar la lectura de pensamiento, buscar otras opciones.

 

3. Preguntar a otras personas: contar así con el enfoque de quienes están en nuestros círculos de confianza para saber cómo ven e interpretan esa realidad que para nosotros es negativa.

 

4. Trabajar con los pensamientos de miedo y ansiógenos: preguntarse qué es lo peor que podría suceder, el resultado suele no ser tan malo si se piensa así.

 

La mayoría de estrategias suponen alejarnos de estos pensamientos y analizarlos. Tras el análisis hay que plantearse en realidad qué conclusión más racional y positiva se puede tomar a partir de ese momento y dar lugar a pensamientos más lógicos y racionales que son siempre más positivos.