¿Cómo funciona la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Salamanca?

El servicio está ubicado en la cuarta planta del edificio Virgen de la Vega. En él, se atiende a los pacientes en consultas externas y también en régimen de hospitalización parcial donde los enfermos están bajo supervisión más intensiva de las comidas y reciben una atención endocrino-psicológica más constante.

La Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario salmantino desarrolla dos tipos de programas, “interconectados pero independientes”, como explica su coordinador David González Parra. 

 

Por un lado, todos los pacientes que llegan a la unidad comienzan en las consultas externas donde reciben una atención ambulatoria multidisciplinar, dirigida por el coordinador, pero en la que además del psiquiatra, intervienen el endocrino y el psicólogo. El tratamiento de los enfermos con alteraciones de conducta alimentaria requiere un abordaje multidisciplinar y comienza por una consulta endocrinológica y nutricional, en la que se valora cómo es la alimentación del paciente, sus carencias, las características  físicas, peso, talla, estado óseo y hormonal. Después se realiza un trabajo psiquiátrico y psicológico para valorar las repercusiones emocionales que tiene ese trastorno, si hay depresión, ansiedad o algún problema obsesivo, y se observa cómo se valora esa persona a sí misma.

 

 

Esta consulta es la puerta de entrada en la unidad, y despues cuenta con el Hospital de Día, donde llegan aquellos pacientes que tras la valoración del posible trastorno alimentario requieren hospitalización, en este caso parcial.

 

Para comenzar el tratamiento en este Hospital de día se tiene que confirmar el diagnostico de un trastorno de la conducta alimentaria, ya sea anorexia, bulimia, trastorno por atracón u otros trastornos no especificados con cierta gravedad, que necesiten una supervisión más intensiva de las comidas y que requieran un abordaje endocrino-psicológico más constante.

 

En la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria se realiza una hospitalización parcial de lunes a viernes, de 9 de la mañana a 6 de la tarde, lo que incluye desayuno, almuerzo de media mañana, comida y merienda, y después, los pacientes hacen vida normal y fin de semana también están en casa.

 

La terapia suele durar tres meses y se desarrolla con sesiones grupales, grupos homogéneos, formados por pacientes con diagnóstico similar, franja de edad similar y evolución clínica similar. La terapia de grupo es la base del tratamiento, aunque, cada paciente tiene un plan individual con una serie de objetivos personalizados.

 

La unidad está decorada con murales que realizan los pacientes en las terapias

 

Técnicamente se denomina ‘terapia de restructuración cognitivo conductual’, e intenta restructurar la manera que tiene esa persona de verse y cómo eso lo refleja en su conducta. El doctor González Parra mantiene que “si conseguimos cambiar la forma que tienen de verse los enfermos, se puede cambiar su conducta, y eso es lo que hacemos en la terapia de grupo”.

 

El tratamiento completo de una persona con trastornos en la alimentación es muy largo, suelen durar muchos años. A los tres meses de hospital de día le siguen de 3 a 5 años de consultas periódicas, y revisiones, al principio más intensiva y finalmente más distanciadas hasta el alta definitiva. De los 500 casos que ha atendido la Unidad desde 2008, se han dado 100 altas definitivas.

 

Según los datos del coordinador de la Unidad, dos tercios de los pacientes se recuperan total o parcialmente del trastorno, en este último caso porque queda algún signo del trastorno, como rechazo de algunos tipos de alimentos, un peso adecuado pero en el límite o necesidad de alguna medicación por inestabilidad emocional. El tercio restante no se recupera nunca, suelen ser enfermos con un estado físico de deterioro irreversible; o el caso de bulimias que, a causa de los vómitos, acarrean complicaciones médicas crónicas; o personas que mantienen un patrón psicológico inestable por factores de personalidad, consumo de tóxicos.

 

 

Las consecuencias de los trastornos de la conducta alimentaria afectan a varias áreas de la vida de una persona, quizás lo que más llamativo sea el bajo peso o sobre peso, pero se producen notables carencias nutricionales, trastornos en el crecimiento, problemas óseos, cardiovasculares, retiradas de menstruación y secuelas físicas que se pueden arrastrar toda la vida. A nivel emocional provocan ansiedad, depresión y trastornos obsesivos. Y en el ámbito social dan lugar a situaciones graves de aislamiento e, incluso, a una desestructuración familiar absoluta. Por eso, a juicio del coordinador de la unidad es un problema tan grave, porque afecta a varias áreas de la persona y en una época crucial, el paso a la adolescencia.

 

La unidad tiene también una Escuela de Padres, donde se imparten ‘cursos’ de 8 sesiones, una a la semana, para compartir experiencias, conocer el problema y las dificultades, o cómo enfrentarse a ellas cuando hay un hijo o hija con trastornos en la conducta alimentaria. Los padres reciben pautas para aprender a manejar las distintas situaciones y también reciben ‘lecciones’ de otros padres cuyos hijos ya han salido de la unidad. “La familia es un factor muy importante para ayudar a los jóvenes a salir de estos problemas, es un factor protector y mantenedor, y tiene que saber manejarlo para favorecer la evolución del niño”, asegura David González Parra.

 

La Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria está compuesta por un equipo integrado por el psiquiatra, especialistas en Endocrinología y Nutrición de Adultos y pediátrica, una psicóloga clínica que coordina el hospital del día, una enfermera, dos auxiliares, un terapeuta ocupacional y un administrativo.