Ciudad Rodrigo revive las costumbres de la tierra en la tradicional feria de Botijeros

La plazuela del Buen Alcalde de Ciudad Rodrigo cambió su aspecto habitual por un día, transformándose en un recinto en el que se revivieron las costumbres más ancestrales de la tierra en la tradicional feria de Botijeros.
Mondrián / David Rodríguez

Un año más, la feria tuvo un notable éxito, y la plazuela fue un ir y venir de personas durante toda la mañana, que se interesaron por ejemplo, por el proceso de la matanza tradicional. Especialmente llamativo fue también para los turistas que paseaban por Miróbriga, que se quedaron sorprendidos por todo el proceso.

La jornada se abría precisamente con la matanza del cebón, que fue donado por la empresa Juan Manuel Criado S.L. Varios matarifes profesionales, e integrantes del grupo El Botón Charro de Miróbriga, realizaron el proceso de la matanza durante toda la mañana, perfectamente ataviados a la antigua usanza, con los preceptivos mandiles y sayas. Para hacerlo más llevadero, se repartieron entre el público asistente perrunillas y mantecados, que los más valientes acompañaron de un chupito de aguardiente para entrar en calor. Y es que la mañana estaba ligeramente fría en la ciudad, y la lluvia se convirtió en una incómoda compañera a la hora de la comida, aunque poco después el cielo dio tregua a los asistentes, que pudieron seguir disfrutando de la feria.

Como novedad, para que personas de todas las edades se sumen a jornadas festivas como ésta, el Ayuntamiento programó un cuentacuentos infantil, titulado Historias para guardar en la maleta, que fue puesto en escena por la compañía Katúa Teatro, de Pilar Borrego, en una carpa habilitada a tal efecto. Durante su desarrollo tuvo lugar la visita institucional a la feria, en la que estuvo presente la mayor parte de la Corporación municipal, quien asistió a la intervención de un original alguacil interpretado por Rosario Pérez, que dio lectura a todo el programa de actos que se iba a realizar.

El gran punto de encuentro de mirobrigenses y forasteros fue el almuerzo, también al estilo tradicional, en el que se degustaron varios productos del cerdo, acompañados de las clásicas patatas meneás, y regado todo por un buen vino dulce. Este almuerzo, al igual que el resto de la mañana, estuvo animado por la música y el baile de los tamborileros e integrantes de la asociación El Botón Charro. Como cierre de la mañana, se procedió al sorteo de dos lotes de productos del cerdo, cada uno de ellos compuesto de un jamón y un lomo.

Aunque tras el almuerzo se vació ligeramente la plazuela, todavía quedaron en ella hasta por la tarde varios de los puestos instalados en los soportales, a través de los cuales se pudieron revivir otras tradiciones de la tierra. Algunas incluso en directo, como las mujeres del grupo Amanecer de Ciudad Rodrigo, que realizaron encaje de bolillos. En otros se pudo ver el resultado de un minucioso trabajo, como los carros y aperos de labranza en miniatura llegados desde Boada, o los también productos de madera de Andrés Rubio Matías de Miróbriga.

En total, la plazuela acogió a una veintena de artesanos, de artesanía variada y del sector alimentario, siendo mayoría éstos, ya que la feria de Botijeros, retrasada este año por el Carnaval, ha coincidido con otras en Extremadura, desde donde llegaban varios artesanos. Entre los puestos de artesanía alimentaria, los había llegados desde muy lejos, como de Llanes de Reudo (Lugo), desde donde Pedro Miguel Rivero trajo tartas y pasteles, especialidad que compartió con la empresa Macrisan de Valderrodrigo.

Lo más abundante fueron los quesos, con varias empresas: Queso Artesanal Miróbriga (de Sanjuanejo), Cynara (de Hinojosa de Duero), El Zamorral (de Santa Cristina de la Polvorosa), Pastoral de los Vallés (de Sanjuanico el Nuevo, Zamora), o el Museodelicatessen.com de Salamanca capital. Éste última trajo también otros productos como patés. Mientras, llegados de Bretocino (Zamora), la empresa Ovinatur ofreció productos lácteos artesanos, como cuajada. El sector alimentario contó asimismo con la presencia de la pastelería Marcos de Ciudad Rodrigo, con hornazos; las pastas y dulces de Evergislo Macías llegados de La Vellés; los embutidos de Precazasa desde Sauca (Guadalajara); o el Ciripolen, desde Las Mestas (Cáceres).

Por su parte, en el sector de artesanía variada se pudieron encontrar las pinturas de Carlos García Medina; los perfumes de A tu gusto; y la bisutería de Arte y Diseño Persépolis, llegados de Valencia de Alcántara (Cáceres), y de LA Artesanos, desde Valladolid. Por último, hay que mencionar a Victoriano Bermejo, procedente de Salvatierra de los Barros (Badajoz), el único que pervive con el espíritu original de esta feria: la cerámica, porque hay que recordar que este evento debe su nombre a la venta de productos de cerámica que se hacía antiguamente coincidiendo con la llegada de la primavera.