Chernóbil a través de la cámara de un salmantino: las fotos de Alberto Prieto donde está prohibido vivir

Hoy hace 30 años que la vida se paró en seco en Chernóbil tras el mayor accidente nuclear de la historia. En 2006 el fotógrafo salmantino Alberto Prieto estuvo en la 'zona prohibida' y realizó un excepcional reportaje. Así lo contamos en TRIBUNA hace diez años.

El 26 de abril de 1986, a la 1.23 horas de la madrugada, un experimento fallido en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil desencadenó dos explosiones que enviaron una nube de lluvia altamente radiactiva a la atmósfera y desencadenaron una de las mayores catástrofes que se conocen.

 

El accidente, el más importante de la historia del uso pacífico de la energía nuclear, contaminó más de 45.000 kilómetros cuadrados y entre los muertos que ya ha provocado y los que se calcula provocará en los próximos años la cifra ronda las 400.000 víctimas, fundamentalmente de cáncer, las que se va a cobrar. Sin contar los miles de enfermos de generaciones que convivirán con el cáncer por comer y beber de un territorio contaminado por los siglos de los siglos.

 

 

 

 

Hoy hace 30 años de aquello. Pocas horas después de la explosión la contaminación había llegado a Alemania y acabó detectándose incluso en Estados Unidos. Y obligó a evacuar hasta 300.000 personas numerosas localidades y crear una zona de exclusión de 30 kilómetros en la que, literalmente, está prohibido habitar. Allí, hace ahora diez años, estuvo el fotógrafo salmantino Alberto Prieto, uno de los grandes talentos del fotoperiodismo actual. En un reportaje excepcional, captó el lúgubre ambiente de Pripiat (50.000 habitantes), una próspera localidad en la que la vida se detuvo en seco hace 30 años.

 

Sus imágenes fueron el impactante material de un reportaje que TRIBUNA dedicó hace 20 años a este accidente nuclear y que hoy recuperamos del archivo. El reportaje cuenta la vivencia de Prieto en la zona de exclusión, los trámites para entrar, una imagen exclusiva en la que se pueden ver los trabajos manuales que se llevan a cabo para cerrar el sarcófago en el que se encerró el reactor, el reducto de 300 personas que todavía viven en la zona o el abandono total de viviendas y municipios que quedaron casi como las dejaron sus habitantes al ser evacuados.

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