Cerca de 1.500 personas, testigos de la renovación de la Boda Típica

Contrayentes. Jesús Lugones Martín y Silvia Morales Molera, naturales de Candelario, llevan tres años esperando para renovar su compromiso matrimonial. Novedad. Siete niños vestidos con los trajes serranos
LUIS IBÁÑEZ

Alrededor de mil quinientas personas pudieron disfrutar ayer en Candelario de la XXII edición de la Boda Típica, segunda desde que fuera declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, organizada por la Asociación Cultural Cuesta de la Romana, y patrocinada por el Ayuntamiento y la parroquia candelarienses.

En el tradicional enlace de la villa serrana participaron más de sesenta personas en el acompañamiento de los contrayentes luciendo el traje típico. Como novedad, se ha contado con la presencia de siete niños de edades comprendidas entre dos y siete años.

En esta edición ha sido designado como Choricero Mayor Javier Galán, jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, y los novios, que renovaron sus votos matrimoniales, fueron Jesús Lugones Martín y Silvia Morales Molera, ambos naturales de Candelario.

Los contrayentes se eligen en riguroso orden de una lista de espera que cada año que pasa se va engrosando con más nombres de interesados en la participación. Según la organización, el matrimonio que celebró ayer su casamiento tradicional, “llevaban dos o tres años esperando su turno”.

Galán se sitió muy satisfecho por el honor de ser Choricero Mayor, y significó que esta celebración “es un evento muy bonito, muy simbólico en lo estético, lleno de colorido, en el que hay que involucrar a la gente joven, y que verdaderamente debería tener más repercusión de la que tiene porque no desmerece de otros eventos que se celebran en la provincia”.

El recorrido pasa por las principales calles y plazas de la localidad de Candelario, dando importancia y protagonismo a todo el pueblo. Comenzó a mediodía desde la Casa-Museo Chacinero, en la calle Perales, donde los mozos salieron a buscar al novio y a los padrinos a la calle Pedro Muñoz Rico. Volvieron nuevamente al Museo para partir con todo el séquito hacia la casa de la novia.

Tras la ronda de cantos tradicionales para que la novia saliera al balcón, ésta bajó, y ambos contrayentes se saludaron sin tocarse. La comitiva subió por la calle Mayor, pasando por la Cuesta de la Romana, hacia la iglesia. Una vez allí se produjo el casamiento en la puerta de la parroquia, pasando al interior del templo para recibir la bendición y el besamano. Cuando concluyó la celebración eucarística, los novios y el cortejo se dirigieron a un convite en la Plaza Vieja; para luego trasladarse a la plaza del Solano y recibir los distintos obsequios en el tálamo. El acontecimiento finalizó con bailes típicos y un banquete en un establecimiento de la localidad.