Casa de Santa Teresa en Salamanca: antes residencia de estudiantes, ahora refugio de monjas

Santa Teresa de Jesús, una mujer adelantada a su tiempo, supo liderar, en época de hombres, tareas como la creación de una orden y de moradas religiosas, una de ellas en la urbe tormesina.

Salamanca es una ciudad marcada por la historia. Por ella han pasado y paseado muchos de los más grandes personajes de la historia de España, entre ellos Santa Teresa de Jesús, una mujer adelantada a su tiempo, que supo liderar, en época de hombres, tareas como la creación de una orden y de moradas religiosas, una de ellas en la urbe tormesina.

  

Corría el año 1570 cuando Santa Teresa, animada por los padres jesuitas, llegó a la ciudad, donde tenía previsto dar vida a su séptima fundación. Y, a pesar de que creía tener una casa dispuesta para ello, que había sido una residencia de estudiantes, la vivienda todavía albergaba a algunos de ellos, por lo que la religiosa tuvo que esperar.

  

Tras conseguir que quedase libre, gracias a la intervención de su confesor, el padre Nicolás Gutiérrez, Santa Teresa llegó al lugar elegido, donde nada estaba acondicionado para su nuevo fin. Así que, ayudada por dos hermanos jesuitas y un carpintero, limpió el inmueble durante la Noche de Ánimas.

  

De esta forma, la religiosa consiguió en una noche poder preparar la casa y fue el día siguiente, el Día de Todos los Santos, cuando se ofició liturgia en ella y se pudo dar la bienvenida a las monjas que morarían en sus celdas.

  

Algunas de las religiosas que se hospedaron eran de Salamanca y otras llegaron procedentes de conventos de El Carmelo de Medina del Campo, Valladolid y Ávila, a quienes también ayudaron las madres Isabeles, religiosas que vivían en las proximidades y que entregaron ropa y limosnas a sus nuevas vecinas.

  

Así surgió la Casa de Santa Teresa, ubicada en la actual calle Condes Crespo Rascón de Salamanca. A día de hoy, quienes la visitan pueden ver la celda en la que Santa Teresa vivió en aquellos años, donde escribió aquellos famosos versos de 'Vivo sin vivir en mí'.

  

Allí, las religiosas permanecieron hasta que tres años después, en 1573, se mudaron a las inmediaciones de la Iglesia de San Benito. Luego, en este lugar, permanecieron hasta 1614, cuando de nuevo las carmelitas descalzas cogieron las maletas para ir a las proximidades de la Puerta de Villamayor. En este enclave estuvieron hasta 1968, en ese momento decidieron irse a su actual emplazamiento, en la localidad próxima de Cabrerizos.