Carles Sans: "En Tricicle no nos sentimos satisfechos hasta que todo queda perfecto"

Tricicle

Carles Sans, uno de los integrantes de Tricicle ha hablado con TRIBUNA para desvelar algunos secretos del humor gestual de su nueva producción: "Bips". El nuevo espectáculo estará en el CAEM los días 23 y 24 de octubre. 

LA ENTREVISTA

 

Salamanca se convertirá en la capital del humor gestual de la mano de Tricicle. La compañía catalana basada en el lenguaje sin palabras visitará el Centro de Artes Escénicas y de la Música de la capital del Tormes (CAEM) los días 23 y 24 de octubre con tres sesiones. La nueva producción llega bajo el nombre de “Bips” y utilizará internet como excusa para contar diferentes historias de la vida cotidiana.  

 

-¿Cómo describiría el nuevo espectáculo de “Bips”?

 

Carles Sans- Es un espectáculo que utiliza internet como excusa para mostrar toda una serie de historias muy características de Tricicle. Son situaciones muy cotidianas que en el momento de la creación del espectáculo no tenían conexión unas con otras y necesitábamos un contenedor para ellas.  Por esta razón internet nos pareció un enorme cajón de sastre donde todas las historias encontraban un nexo, ya que con un golpe de ratón vas de una página a otra y de un tema a otro.

 

-¿Cómo se consigue hacer un cambio de escenario tan rápido?

 

-Esta es una de las características de siempre en Tricicle. Nuestros espectáculos tienen mucho ritmo. Mientras se cambia uno, está actuando el otro, y el otro se cambia a toda prisa. Muchas veces nos han dicho que es un ritmo, incluso, más televisivo que teatral. La rapidez ya es una práctica adquirida. Tenemos un equipo técnico que lo tiene todo milimétricamente dispuesto para que nada falle.

 

-¿Cómo es ese equipo técnico que acompaña a Tricicle?

 

-Pues parece un tópico, pero no lo es, ya que gracias a su trabajo sale todo bien. Gracias a su meticulosidad, porque para estar en Tricicle uno tiene que estar muy preparado, porque es cuestión de segundos que puedas salir a tiempo en un determinado momento. Trabajamos con un equipo muy preparado. En muchos casos llevan con nosotros 10 años o 5 años. Es una gran tranquilidad saber que cuando llegas al teatro ya todo está preparado con el más mínimo detalle.

 

-¿Cómo es la sensación de conectar con el público?

 

-Para un actor que hace comedia es básico descubrir la reacción del público. Cuando actuamos siempre estamos con los oídos bien abiertos para descubrir los ‘gangs’ que hacen reír más o los que no hacen nada de gracia. Si el público no se ríe la culpa es tuya, sin duda ninguna. En ese momento para el actor es un correctivo importante. La gente nos dice que nos lo debemos pasar muy bien actuando. Es así, pero a la vez estamos muy pendiente y con mucha tensión porque necesitamos conocer la reacción del público.

 

-¿Ha habido mucho ensayo/error con el paso del tiempo?

 

-Nosotros nunca paramos de corregirnos.  Llevamos 650 funciones más o menos y seguimos, todavía, corrigiéndonos el uno al otro después del espectáculo. Pensando si en un momento alguno de nosotros tiene que adelantarse o no. Siempre intentamos que las representaciones no pierdan el ritmo. Siempre hay que estar alerta. Nosotros siempre decimos que somos nuestro peor público porque no nos sentimos satisfechos hasta que todo quede perfecto.

 

- Los gestos dicen que son universales. ¿Todo el mundo entiende el humor de Tricicle?

 

-No. Cuando hemos actuado en países asiáticos, como Japón, hemos tenido que cambiar algunos gestos porque son típicos latinos y no se entienden. Pero la verdad es que son pequeños detalles y nuestro humor es muy universal. Es muy poco lo que hay que cambiar.

 

-¿Por qué cuándo comenzaron no tenían claro el estilo gestual?

 

-Éramos alumnos del Instituto de Teatro de Barcelona y todavía buscábamos un lenguaje con el que llegar al público. Gracias a una participación en un festival internacional de mimo nos dimos cuenta de que teníamos que crear nuestra propia personalidad y así fue. Creo que dimos en la diana porque hemos creado un género, casi propio, y una marca, Tricicle.

 

-¿Sus familias se sienten identificadas con las escenas de la vida cotidiana que contáis en el escenario?

 

-¿Nuestras familias? (ríe) No sé. Bueno, alguna vez nos hemos inspirado en algún familiar o en alguien cercano para hacer un personaje. Para tomar un detalle, un gesto… Nosotros no paramos de absorber detalles de las personas y del mundo que nos rodea. Nuestro tirón está en la calle.

 

-¿Hay tensiones en Tricicle al defender la idea de un miembro por encima de la del otro?

 

-Creo que el número tres es mágico para desencallar una situación que se puede bloquear. Por este motivo, muchas veces decimos, en broma, que los matrimonios deberían ser de a tres. En un conflicto, un tercero, sirve para desbloquear el problema. Siempre contamos que somos como un matrimonio a tres. Y como en todos los matrimonios, ha habido de todo, pero hemos sabido llevarlo muy bien. 36 años no son fáciles y aquí estamos. 

 

-Creo que en esta obra es en la que el público va a escuchar más a los tres ¿Por algún motivo?

 

Bueno, hablamos un poquito más porque con los años vas evolucionando dentro del género. Somos una compañía que decidimos prescindir del texto, pero que en algún momento decidimos usarlo para alguna historia con algún que otro diálogo. Trasgredimos las propias reglas que instituimos en su día.

 

-¿Aparecen viejas personas en “Bips” no?

 

-Sí, aparecen tres viejecitas turistas que aparecían en otro espectáculo que se llamaba “Exit”. Eran tres turistas entrañables en un aeropuerto y nos apetecía recuperarlas de nuevo, pero en un supermercado en el que lían una muy gorda. También en esta función nos apetecía hacer un homenaje a nuestros queridísimos amigos de ‘Les Luthiers’ porque les tenemos un gran afecto y una gran admiración.

 

-¿Les gusta conocer las ciudades en las que actúan?

 

Unas ciudades más que otras, pero Salamanca es una ciudad histórica interesantísima y siempre nos damos una vuelta por el casco histórico. Además, la Plaza Mayor de Salamanca es inigualable.