Caballos salvajes galopan por la dehesa salmantina

Potros en Campanarios de Azaba (Foto:FNYH)

Dos nuevos potros se suman a los caballos salvajes que viven en la reserva de Campanarios de Azaba

La manada de caballos salvajes que viven en la Reserva Biológica de Campanarios de Azaba (Salamanca) cuenta con dos nuevos potros, lo que da muestra de la “excelente adaptación” de estos animales en la dehesa salmantina.

 

Así lo ha señalado la Fundación Naturaleza y Hombre (FNYH), entidad que desarrolla el programa desde 2011 junto a la Associaçâo Transumância e Natureza de Portugal (ATN) gracia a una iniciativa de Rewilding Europe Oeste Ibérico.

 

Este proyecto, con caballos de las Retuertas procedentes de la Estación Biológica de Doñana, ha supuesto “una garantía de supervivencia para esta emblemática raza” ya que “en los últimos siglos la desaparición de los grandes herbívoros, primero silvestres y más tarde domésticos, a consecuencia del progresivo abandono de la ganadería extensiva, ha llevado a la simplificación de paisajes, reduciendo las teselas que componen este mosaico natural mediterráneo”.

 

Ante esta situación, Rewilding Europe Oeste Ibérico trata de contribuir al incremento de la biodiversidad, “asilvestrando una gran extensión en este sector occidental mediterráneo”.

 

Para alcanzar sus metas, el proyecto cuenta con dos áreas piloto en las que implementar sus acciones: Reserva Biológica Campanarios de Azaba (España) y la Reserva Privada de Faia Brava (Portugal).

 

La recuperación de espacios más naturales, con una gran biodiversidad asociada, se convierte en esta zona del oeste Ibérico, en “un nuevo comienzo para la vida salvaje”.

 

CABALLOS DE LAS RETUERTAS

 

Esta raza de caballos salvajes recibe su nombre de las retuertas, lugares encharcados del Parque Nacional de Doñana, en los que “las arenas escurren lentamente su agua hacia la marisma, sirviendo como bebederos naturales para los animales”.

 

La excepcionalidad de estos caballos radica en el escaso número de individuos que existen, así como en lo ancestral de sus genes, ha apuntado la Fundación Naturaleza y Hombre.

 

Son una raza originaria de Las Marismas de Doñana y en un tiempo pasado fueron usados para labores ganaderas. No obstante el cambio en el uso del caballo, que pasó a ser empleado para actividades de ocio, propició la sustitución de la raza por otras más adecuadas para actividades de ocio. Este hecho condujo a su casi total desaparición, quedando tan solo media docena de ejemplares en los años 80 del pasado siglo.